Juan Carlos Machorro La República Mexicana se sitúa en la novena posición de países con mayor actividad sísmica en el mundo, debido al número de movimientos telúricos registrados durante los últimos 100 años. El Servicio Geológico Mexicano (SGM) señala que México está ubicado en una zona de alta sismicidad, donde interactúan cinco placas tectónicas: la ... Leer más
La República Mexicana se sitúa en la novena posición de países con mayor actividad sísmica en el mundo, debido al número de movimientos telúricos registrados durante los últimos 100 años.
El Servicio Geológico Mexicano (SGM) señala que México está ubicado en una zona de alta sismicidad, donde interactúan cinco placas tectónicas: la de Norteamérica, la de Cocos, la del Pacífico, la de Rivera y la del Caribe.
El 80 por ciento de los sismos del país se registran en las costas de Chiapas, Guerrero y Oaxaca y, de acuerdo con los mapas de riesgos, 30 por ciento de la población nacional habita en zonas de alta a muy alta peligrosidad sísmica.
Sin cultura de Seguros de vivienda
El 19 de septiembre es una fecha marcada en la memoria de todos los mexicanos por los terremotos que ocurrieron en esa misma fecha: el de 1985 y el de 2017, por lo que los sismos siguen preocupando a muchas familias.
El temblor en 2017 dejó en el país cerca de 369 muertos y más de 7 mil heridos, según cifras oficiales.
A inicios de septiembre de este 2021, la tierra se volvió a cimbrar con gran fuerza, dejando pérdidas económicas y humanas en Guerrero.
Debido a su ubicación geográfica, en México los movimientos telúricos son uno de los fenómenos naturales más comunes y desastrosos, ocasionados por el desplazamiento o choque de placas tectónicas y, aunque la mayoría son de baja escala —a veces imperceptibles— otros son de alta magnitud y de potencial destructivo y letal.
Las casas y edificios son susceptibles a estos fenómenos y los daños pueden ir desde caídas y roturas de muebles, cristales y electrodomésticos, hasta la fractura de estructuras, lo que pone en peligro la seguridad y vida de sus ocupantes.
Estas afectaciones, aunque leves, pueden ocasionar gastos de miles de pesos en reparaciones y, en caso de colapso, los daños pueden ser millonarios.
Los sismos, además del enorme riesgo que representan para la salud y las vidas, son una amenaza para la economía de las familias y del país, pues estos siniestros (’85 y 2017) causaron pérdidas multimillonarias y caídas en el crecimiento económico.
El sismo del 2017 se estima que tuvo un valor de 2 mil 500 millones de dólares, mientras que el del ’85 causó pérdidas por más de 9 mil millones de dólares, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
A diferencia de naciones como Estados Unidos, en México no existe una cultura que apueste a los seguros de vivienda ante estos siniestros.Si bien, al hablar de un seguro de vivienda se piensa en incendios, robos o inundaciones, lo cierto es que la mayoría de estas pólizas consideran la protección ante sismos como prioritaria, sobre todo al tratarse de una zona de alta actividad sísmica.
Lamudi, en su Reporte Inmobiliario 2021, informó que las alcaldías de la Ciudad de México con mayor demanda residencial son las de mayor actividad sísmica, como la colonia Narvarte, en Benito Juárez; y la Roma Norte, en la Cuauhtémoc. La plusvalía de las zonas afectadas en el ’85, comola Condesa, volvieron a sus niveles previos al sismo del 2017.
Según la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), el 41 por ciento del territorio nacional es vulnerable ante este y otros fenómenos naturales.
“Además de seguir las recomendaciones de seguridad, es importante considerar contratar un seguro de hogar que nos ayude a proteger a nuestros seres queridos y nuestro patrimonio ante este riesgo”, señaló Daniel Santana, director de Residencial de Chubb Seguros México.
Por ello, cada vez más seguros contemplan el amparo ante estos desastres como daños estructurales, rotura de vidrios, afectaciones en objetos personales, electrodomésticos y todo tipo de objetos de valor.
Asimismo, se incluyen gastos médicos o funerarios, en caso de que una o más personas requieran estos servicios, a consecuencia de un colapso.