El costo de la alimentación en México sigue en ascenso y ya impacta de lleno en los hogares. Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía revelan que, en marzo de 2026, una persona necesita al menos 2 mil 571 pesos mensuales en zonas urbanas y 1,940 en áreas rurales solo para cubrir lo básico en comida.
Cuando se suman gastos esenciales como transporte, vivienda, salud y educación, el monto escala a 4 mil 940 pesos en ciudades y 3 mil 553 en el campo. Es decir, sobrevivir —no vivir con holgura— cuesta cada vez más.
Entre todos los productos, uno destaca por su impacto desproporcionado: el jitomate.Su precio se elevó 126.3% anual, convirtiéndose en el principal detonante del encarecimiento.
En zonas rurales, este alimento explica más del 40% del incremento total de la canasta; en ciudades, cerca del 30%. A este fenómeno se suma el aumento en el consumo fuera del hogar —fondas, restaurantes—, cuyos precios subieron 7.1% anual y presionan especialmente a los habitantes urbanos.
Mientras la inflación general se ubicó en 4.6% anual, el costo de la canasta alimentaria creció muy por encima:
7.9% en zonas rurales
8.1% en zonas urbanas
Esto implica que los alimentos básicos aumentan casi al doble de velocidad que el resto de los productos y servicios, afectando con mayor fuerza a las familias de menores ingresos, que destinan gran parte de su gasto a la comida.
El impacto no se limita al plato. En la canasta no alimentaria, también hay aumentos relevantes. En zonas rurales, el transporte público y los cuidados personales empujan los costos. En ciudades, destacan los gastos en educación, cultura y recreación.
En conjunto, la canasta completa creció 6.1% anual en áreas rurales y 5.6% en urbanas, también por encima de la inflación.
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EL DATO
Estas cifras forman parte de las llamadas líneas de pobreza, que miden cuánto ingreso necesita una persona para cubrir sus necesidades básicas. Desde 2025, el INEGI es el encargado de calcular estos indicadores, fundamentales para entender el nivel de bienestar en el país.