En apenas dos semanas, el mapa de incendios forestales en México cambió de forma drástica. De 13 siniestros activos el 20 de abril, el país pasó a registrar 51 al corte del 4 de mayo, según datos de la Comisión Nacional Forestal.
El aumento no solo refleja una crisis ambiental en expansión, también una amenaza directa para la salud pública.
La superficie afectada creció en la misma proporción: de poco más de 4 mil hectáreas a casi 19 mil, una extensión que evidencia la rapidez con la que el fuego avanza en condiciones adversas.
El fuego no distingue regiones. En los primeros reportes, entidades como Jalisco, Guerrero, Oaxaca y Durango concentraban los incidentes. Hoy, la lista se amplió a más de una decena de estados, incluyendo Nayarit, Chiapas, Sinaloa, Tamaulipas y Quintana Roo.
Nayarit encabeza el impacto con más de 10 mil hectáreas dañadas,seguido por Guerrero, que supera las 5 mil.
La dispersión geográfica complica las labores de contención y obliga a desplegar recursos en múltiples frentes simultáneamente.
El repunte de incendios no es casual. Está directamente ligado a condiciones climáticas extremas. La Comisión Nacional del Agua advirtió sobre la presencia de una circulación anticiclónica que intensifica la onda de calor en gran parte del país.
Altas temperaturas, baja humedad y rachas de viento crean el escenario perfecto: vegetación seca que arde con facilidad y llamas que se expanden sin control.
En este contexto, incluso una chispa mínima puede convertirse en un incendio de gran escala.
Más allá del daño ecológico,los incendios generan una nube de contaminantes que deteriora la calidad del aire.
Esto incrementa riesgos respiratorios, especialmente en niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.
Además, la pérdida de cobertura forestal afecta ecosistemas completos, biodiversidad y fuentes de agua, con impactos que pueden extenderse durante años.
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EL DATO
Ante este escenario, autoridades hacen un llamado directo: evitar el uso de fuego en zonas forestales, agrícolas o de pastizales. La prevención es, por ahora, la herramienta más efectiva.
También se pide a la población reportar cualquier incendio al número 800 737 00 00. Detectar a tiempo puede marcar la diferencia entre un conato controlado y un desastre ambiental.