Las banderas permanecerán en esa posición por 30 días, de acuerdo con el Código de Banderas de EE. UU., como muestra de duelo nacional.
Este periodo incluye edificios gubernamentales, embajadas y bases militares en el extranjero. Aunque podría revertir esta decisión al asumir el cargo, no lo hará hasta después de la investidura de Donald Trump.
Trump criticó esta medida en redes sociales, calificándola como una provocación política. En contraste, la Casa Blanca reafirmó que no hay planes de reconsiderar la orden, señalando que el protocolo es un acto de respeto hacia un expresidente.
No es la primera vez que Trump enfrenta controversias relacionadas con banderas a media asta. En 2018, tras la muerte del senador John McCain, las banderas en la Casa Blanca fueron izadas a toda asta antes de finalizar el periodo de duelo, lo que desató críticas bipartidistas.
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Aunque Mar-a-Lago, la residencia de Trump en Florida, inicialmente siguió el protocolo bajando la bandera, esta fue izada nuevamente tras el entierro de Carter.
Este movimiento parece subrayar la tensión entre los gestos simbólicos de respeto y la política polarizada que define la transición presidencial.
La decisión de Biden de mantener el duelo hasta el 28 de enero también coincide con la primera semana del mandato de Trump, marcando un inicio de gobierno enmarcado por el legado de Carter y las complejas dinámicas políticas de Estados Unidos.