El presidente Donald Trumpanunció el 24 de enero de 2025 un plan renombrar el Golfo de México a “Golfo de América” como parte de una orden ejecutiva destinada a destacar el «legado de la grandeza estadounidense».
Sin embargo, este ambicioso cambio no es tan simple como renombrar un lugar dentro de las fronteras de Estados Unidos.
Aunque las primeras 12 millas náuticas desde la costa estadounidense son territorio nacional, el resto del golfo se clasifica como aguas internacionales, fuera del control directo de cualquier país.
Estados Unidos podría actualizar sus propios mapas oficiales a través de su Junta de Nombres Geográficos, pero no existe una entidad internacional que regule nombres geográficos globalmente.
Esto significa que otros países no están obligados a adoptar el nuevo nombre. En teoría, Estados Unidospodría solicitar formalmente el cambio a nivel internacional, pero la aceptación dependería de cada nación. Incluso podría haber sanciones contra los países que no cumplan, aunque este escenario sería controversial.
Si el cambio se implementara, los mapas y documentos oficiales de Estados Unidos comenzarían a utilizar el término “Golfo de América”.
Sin embargo, los fabricantes de mapas y carteles globales no tienen obligación legal de hacerlo, especialmente si consideran que el nombre actual tiene mayor reconocimiento.
La propuesta ha generado un intenso debate sobre los límites de la influencia estadounidense en los nombres geográficos internacionales y si un cambio así podría llegar a materializarse.