El menor, sin condiciones médicas previas, falleció en un hospital de Lubbock por atrofia pulmonar relacionada con este virus altamente contagioso.
El brote, que comenzó en el oeste texano, ha alcanzado a Nuevo México, Oklahoma y Kansas, con casi 570 personas contagiadas. La Organización Mundial de la Salud ya detectó casos relacionados en México.
Solo en Texas, los contagios aumentaron en 81 en una semana, y 16 pacientes más fueron hospitalizados.
Un equipo de los CDC se encuentra en el estado para contener la emergencia, mientras médicos alertan sobre el peligro de seguir promoviendo desinformación sobre las vacunas.
El secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., conocido por sus posturas antivacunas, ha emitido mensajes ambiguos que médicos y especialistas critican duramente.
“El sarampión no tiene tratamiento. No hay beneficio alguno en enfermarse”, advirtió el senador y médico Bill Cassidy. Por su parte, el doctor Peter Marks, exjefe de vacunas de la FDA, calificó la muerte como “absolutamente evitable”.
El uso sin control de vitamina A para “prevenir” el sarampión ha provocado toxicidad hepática en menores, alertó el Hospital Infantil Covenant, donde se atendió al primer niño fallecido en febrero.
Médicos hallaron daños hepáticos en varios pequeños no vacunados cuyos padres les suministraron este suplemento sin supervisión médica.
La vacuna triple viral (sarampión, paperas y rubéola) tiene más de 60 años de uso seguro y protege al 97% de los vacunados tras las dos dosis. Se aplica la primera entre los 12 y 15 meses de edad y la segunda entre los 4 y 6 años.
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Con la caída en las tasas de vacunación infantil, los expertos temen que Estados Unidos pierda su estatus de país libre de sarampión. El virus puede flotar en el aire hasta dos horas, y nueve de cada diez personas sin inmunidad se contagiarán si están expuestas.