El Pontífice apareció públicamente por primera vez en semanas. El Papa Francisco sorprende con recorrido en papamóvil, bendijo a la multitud y pidió alto al fuego global por Pascua.
Con un sol brillante sobre la Plaza de San Pedro, narcisos y tulipanes marcando la escena, el Papa Francisco hizo una emotiva reaparición este Domingo de Pascua, sorprendiendo a decenas de miles de fieles con un inesperado recorrido en el papamóvil tras semanas de recuperación por una neumonía bilateral que casi le cuesta la vida.
La multitud estalló en aplausos y vítores: “¡Viva el Papa!”, “¡Bravo!”, se escuchaba entre lágrimas y emoción mientras el pontífice de 88 años, visiblemente conmovido, bendecía a bebés y saludaba a los asistentes desde su vehículo descubierto.
Esta aparición, apenas semanas después de haber estado al borde de la muerte, fue leída por muchos como un símbolo de resiliencia y fe.
Aunque delegó la misa en el cardenal Angelo Comastri, Francisco se mantuvo activo: emergió desde el balcón central de la basílica de San Pedro para impartir su tradicional bendición Urbi et Orbi y pronunciar —por medio del arzobispo Diego Ravelli— un poderoso mensaje global de paz.
Pidió cesar la violencia en Gaza y Ucrania, clamó por el fin del sufrimiento en Myanmar y República Democrática del Congo, y abogó por la liberación de prisioneros políticos y de guerra:
“Que el Cristo resucitado conceda a los pueblos devastados su regalo pascual de paz y aliente caminos de reconciliación duradera.”
Francisco, aún con voz limitada pero más firme que en días anteriores, permaneció cerca de 50 minutos al aire libre, acompañado de 21°C de primavera y el aroma de flores donadas por los Países Bajos.
Su aparición fue breve pero significativa: una señal de vida, de liderazgo y de continuidad en medio de tiempos inciertos.
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Antes del evento, el Papa tuvo un encuentro fugaz con el vicepresidente estadounidense JD Vance, quien se encontraba de visita familiar en Roma.
Aunque su agenda pública sigue restringida por recomendación médica, esta Pascua dejó claro que, para Francisco, lo esencial sigue siendo dar esperanza y acompañar a los más olvidados. Prueba de ello fue su reciente visita a una prisión de Roma en Jueves Santo, reafirmando su compromiso con los excluidos.