Ucrania da un golpe sin precedentes al corazón del poderío aéreo ruso. En una operación tan audaz como milimétricamente planeada, drones ucranianos penetraron miles de kilómetros en territorio enemigo y destruyeron al menos 41 aviones militares rusos, marcando uno de los episodios más devastadores para Moscú desde el inicio del conflicto en 2022.
El ataque, ejecutado con drones camuflados en contenedores montados sobre camiones, alcanzó la base aérea de Belaya, en la región de Irkutsk, a más de 4,000 kilómetros de Ucrania.
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Autoridades rusas confirmaron la presencia de drones enemigos en otras zonas como Riazán y Múrmansk, aunque sin ofrecer más detalles.
El presidente Volodímir Zelenski supervisó personalmente la misión, que tardó más de un año en prepararse. La operación demostró no solo la capacidad técnica de Ucrania, sino también su determinación estratégica para llevar la guerra al propio territorio ruso.
Este histórico ataque coincidió con el anuncio de una delegación ucraniana que viajará a Estambul para reanudar conversaciones con Rusia, liderada por el ministro de Defensa Rustem Umerov.
Zelenski afirmó: “Estamos haciendo todo lo posible para proteger nuestra independencia, nuestro Estado y nuestro pueblo”.
La respuesta del Kremlin no se hizo esperar. En represalia, Rusia desató su mayor ofensiva aérea hasta ahora, con 472 drones y siete misiles lanzados sobre Ucrania.
Uno de estos ataques impactó una unidad militar de entrenamiento, dejando al menos 12 soldados muertos y más de 60 heridos.
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Las autoridades ucranianas han iniciado una investigación para esclarecer si hubo negligencia que contribuyera a la tragedia.
“Quienes resulten responsables responderán estrictamente por sus actos”, señaló el Ejército ucraniano.