Los rescatistas que peinan la región de Hill Country en busca de desaparecidos por las brutales inundaciones del 4 de julio, fueron forzados a detener sus labores de búsqueda de víctimas de inundaciones en Texaseste domingo. ¿El motivo? Más lluvias intensas y el riesgo inminente de nuevas crecidas.
Por primera vez desde el desastre, el clima obligó a suspender la búsqueda. Las autoridades del Departamento de Bomberos de Ingram ordenaron evacuar de inmediato la zona del río Guadalupe, en el condado de Kerr, ante el “alto potencial de inundación repentina”.
“Numerosas carreteras están bajo agua, los puentes son trampas mortales”, advirtió el Servicio Meteorológico Nacional (NWS, por sus siglas en inglés), que estima que el río podría alcanzar los 4.6 metros, es decir, 5 por encima del nivel crítico.
El río Guadalupe amenaza con volver a desbordarse tras nuevas lluvias intensas. Foto: Especial
Fenómeno devastador
El impacto del fenómeno ha sido devastador: en apenas 45 minutos, la madrugada del Día de la Independencia, el nivel del río Guadalupe se disparó 8 metros. El agua arrasó con casas, autos y carreteras, dejando a personas atrapadas en árboles y zonas de camping.
Desde entonces, helicópteros, botes y drones han trabajado sin descanso para localizar a víctimas y rescatar sobrevivientes. Pero esta nueva amenaza climática paraliza los esfuerzos justo cuando más se necesita.
Campamentos de verano, cabañas familiares y zonas de recreación turística quedaron bajo el agua. Incluso el emblemático Camp Mystic, un campamento cristiano para niñas, resultó afectado por la fuerza del agua.
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Expertos señalan que esta tormenta superó por mucho el “evento de 100 años” que prevé la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA). Lo más alarmante: el condado no cuenta con un sistema de alerta eficiente.
“Estamos listos para retomar las labores apenas baje el nivel del río”, explicó Brian Lochte, vocero de los bomberos locales. Mientras tanto, la comunidad observa el cielo con temor… esperando que no se repita la tragedia.