La Pirámide de El Cerrito, está constituida por un Basamento Piramidal, por la Plaza de las Esculturas, la Plaza de la Danza, el Altar de las Obsidianas y el Altar de los Cráneos, Palacio de los Cuatro Altares.
El Cerrito funcionó como una “Tollán”, Centro ceremonial y político, en ella se han encontrado vestigios Toltecas, Chichimecas, Purépechas y Otomíes.
La historia de la Pirámide de El Cerrito
El cerrito se estableció como un asentamiento agrícola a comienzos del primer milenio de nuestra era y experimentó diversas fases de ocupación. Entre los años 400 y 650 d.C., se convirtió en un importante centro político del valle de Querétaro, al formar parte de la red de sitios aliados a Teotihuacán que controlaban la producción y el intercambio de obsidiana. Fue durante este periodo que se construyó el majestuoso basamento.
Su periodo de mayor desarrollo inició a mediados del siglo VII, después de la caída de Teotihuacán, y se extendió hasta el siglo XI. Durante este tiempo, se convirtió en un importante centro regional dedicado al culto de una deidad de la fertilidad, atrayendo a varios pueblos que contribuían con mano de obra para su construcción y mantenimiento. Además, en esos años, la jerarquía local estableció vínculos políticos con Tula.
Este lugar se construyó siguiendo un sistema cuatripartita: el espacio ceremonial se encuentra dividido en cuatro secciones que tienen como eje los puntos cardinales. Además de la estructura principal, contaba con una plataforma, un grupo de edificios y plazas decoradas con relieves, coronamientos y esculturas. Pese a que el sitio fue abandonado alrededor del siglo XI, persistió en la memoria de algunos pueblos que acudían hasta allí con ofrendas. En el siglo XVI se reanudó su poblamiento y se fundó el pueblo de San Francisco Galileo, compuesto por indios otomíes y tarascos.
Posteriormente, a mediados del siglo XIX, en la parte superior del gran basamento se construyó un pequeño fortín con cuatro torreones de forma pentagonal y un polvorín al centro, el cual fue adaptado posteriormente como casa habitación de la familia Fernández de Jáuregui. Los primeros trabajos de exploración se realizaron en 1932 cuando el inspector local de monumentos Miguel Patiño denunció una serie de excavaciones que realizaban los propietarios del terreno sin autorización. Posteriormente, en 1936, Eduardo Noguera realizó los primeros trabajos arqueológicos.
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En 1944 Carlos Margáin realizó una visita para recabar información sobre zonas monumentales en el norte y occidente, luego de observar su configuración arquitectónica determinó que se trataba de un sitio con influencia tolteca. Más tarde, en 1960, Román Piña Chan consideró que este sitio pertenecía al Epiclásico, concretamente a la etapa tolteca. En 1984 comenzó el proyecto arqueológico de El Cerrito.
La cima de la Pirámide fue modificada al realizar una construcción con arquitectura de tipo ecléctico, una casa conocida como el Fortín que data del año 1887.