El pasado 29 de marzo, el presidente Peña se reunió con miembros de nuestras Fuerzas Armadas (FFAA) y sus familias para honrar la labor que hacen. En un prolongado discurso dijo que había inadmisibles expresiones que las descalifican y afirmó: “Quienes denigran la labor de nuestras FFAA, denigran a México, quienes lastiman a nuestras FFAA, … Leer más
El pasado 29 de marzo, el presidente Peña se reunió con miembros de nuestras Fuerzas Armadas (FFAA) y sus familias para honrar la labor que hacen. En un prolongado discurso dijo que había inadmisibles expresiones que las descalifican y afirmó:
“Quienes denigran la labor de nuestras FFAA, denigran a México, quienes lastiman a nuestras FFAA, lastiman a México, quienes desacreditan el trabajo de nuestras Fuerzas Armadas, desacreditan a México”.
El acto y sobre todo el protocolo con el que fue hecho, llama la atención, luego de haber transcurrido casi cuatro años y medio de su mandato. El presidente necesitaba ponerse a mano con las FFAA, pero tal es insuficiente. Luego de las muchas decisiones en que, por decisiones del jefe supremo o de su equipo de civiles, literalmente por lo menos se alteraron las funciones estratégicas de la FFAA en la seguridad nacional, cito a continuación algunos de los hechos que, durante el presente sexenio, han representado intervenciones inadmisibles para la institución que representan nuestras FFAA:
El 4 de diciembre de 2012, a penas iniciado su mandato, el presidente Peña, en desayuno con las FFAA dijo: “… Continuarán en las calles hasta que se ponga en marcha el nuevo modelo de seguridad y justicia, por lo que en tanto regresan a los cuarteles, seguirán haciéndose cargo de tareas de seguridad. Tengan conocimiento de que ejerceré el mando supremo con espíritu de cuerpo para fortalecer la unidad nacional, salvaguardar el territorio y garantizar la seguridad de toda la población”. Esta fue primera desconsideración inadmisible: prometer que regresarían a sus cuarteles y no cumplirlo, así como no reconocer lo que se había hecho en el sexenio anterior por parte de las FFAA y luego, advertirles tres cosas, como si no existieran y que él sería quien lo resolvería; lejos de haberlo logrado al día de hoy, se ha desunido la nación y el nivel de inseguridad se ha incrementado.
Desde el inicio de su gestión contrató e impuso a las FFAA un asesor colombiano para definir la estrategia de seguridad nacional, el Sr. Oscar Naranjo Trujillo, en el primer acto inadmisiblede recurrir a un extranjero que enfrenta a fuerzas con intereses políticos en su país y no el complejo conflicto de intereses económicos, que subyace detrás del narcotráfico en nuestra patria. Durante su estancia en México, propuso la creación de la gendarmería de 40 mil elementos y se esforzó en desterrar la palabra guerra del discurso en la lucha contra el narco, utilizado durante el sexenio de Felipe Calderón: “Instalar la palabra guerra en el marco de una política de seguridad es un error garrafal”, dijo. Naranjo en 2012. Entonces ¿Cómo había que llamarle a lo que ha sucedido de 2006 hasta 2017 en cuanto al haber dispuesto de manera permanente a más de 45 mil elementos de las FFAA para confrontar militarmente a la delincuencia organizada? Finalmente el asesor salió por la puerta de atrás, sin haberse rendido cuentas sobre su actuación.
La designación de un comisionado en Michoacán en enero de 2014, Alfredo Cervantes Castillo, como mando de seguridad, es decir, para darle ordenes a las FFAA, cuya labor consistió en haberle dado cuerda a las autodefensas y en nunca haber resuelto el estado de guerrilla que hasta la fecha prevalece en los caminos y carreteras de aquel estado, en otro acto inadmisible de haber puesto al mando de una situación tan delicada, a una persona incompetente para esa tarea. Si usted no lo cree, pregunte a cualquier empresa de transporte, de mensajería y paquetería o de logística. Un año después, el comisionado salió también por la puerta de atrás, sin haber rendido cuentas, de premio se le dio la titularidad de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, qué tal: de experto en seguridad nacional a experto en cultura y deporte, así o más improvisado.
El 26 de mayo de 2014, el Sr. Osorio, secretario de Gobernación, convocó a una reunión para redefinir las zonas de intervención para el estado de Tamaulipas. Este hecho representó otro acto inadmisible hacia el prestigio de las FFAA, al pretender corregirles la plana. Si alguna institución en nuestro país ha hecho un trabajo concienzudo para determinar las zonas de vigilancia de la seguridad nacional, son las FFAA y no el exgobernador de un estado.
En la noche triste de Ayotzinapa del 26 de septiembre de 2014, para el presidente Peña y el Sr. Osorio, los miembros del 27 batallón de infantería de la 35ª zona militar fueron inculpados de distintas formas de manera inadmisible, ya que, a diferencia de lo que sucede con una policía civil, el entrar en acción demandaba una orden de la cadena de mando, que como el caso lo ameritaba y luego de que les amarraran las manos desde el inicio del sexenio a los mandos internos de las FFAA, requería de una orden del jefe supremo, que cuando hizo su aparición, los hechos estaban consumados.
La lista de decisiones y actos inadmisibles es mayor, podríamos agregar la célebre fuga del Chapo, la sucia forma en que se manejó el Subsemun, etc. y se necesitarían otras columnas más para completarla, sin embargo, se complementan con las inadmisibles omisiones como las siguientes, entre otras:
La permisividad de la entrada de inmigrantes sudamericanos en la frontera sur
Las succiones ilegales interminables a los sistemas de abastecimiento de gasolina en Pemex
El incremento en tasa de secuestros
La rendición de cuentas del encargado de aplicar la Ley Antilavado
Una política firme hacia Estados Unidos, en relación a la introducción ilegal de armas hacia nuestro país
Decirle a la patria los verdaderos orígenes del gasolinazo, que se remontan a los bloqueos de la Reforma Energética del PRI, con Fox y con Calderón.
Bien por reconocer a nuestras FFAA, sin embargo, dejo ir la oportunidad de pedirles una disculpa por tantas cosas inadmisibles que dejan, entre otras, la evidencia de que su “modelo” anunciado en diciembre de 2012 ha sido, lamentablemente, un costoso fracaso en lo operativo, en lo económico y en lo social y, claro está, en el nivel de la seguridad nacional.