Lo que debería ser una sociedad ciudadana es solo una comunidad de neuróticos paralizados por la vergüenza y el miedo. De la educación se eliminó la historia, la ética, el civismo, la ciencia y su teoría, la filosofía, la política y el arte. Imagínese una mente sin esos recursos. ¿Con qué herramientas puede procesar los discursos desinformativos de los manipuladores medios de comunicación? ¿Cómo distinguirá entre el dicho de un ignorante mentiroso que lucra con su palabra y aquel que busca con sinceridad la verdad y la justicia, independientemente de los beneficios económicos que ello le pueda reportar? ¿Con qué criterio podrá valorar el proceder de todos aquellos que tienen una responsabilidad social o pública? ¿Cómo puede calificar la justicia del proceder de su clase gobernante, la corrección o bondad de cualquier política pública o privada? Hemos vuelto al reino de la opinión. Al ambiente donde cualquiera puede afirmar cualquier cosa con pretensiones de validez, siempre que se apoye en cierta autoridad, fama, poder, fuerza o prestigio. Es por ello que, como masa dirigida, no tenemos más remedio que creer todo lo afirmado por las autoridades, por los rumores, por la mayoría, por nuestros superiores, por los ricos, por los galardonados, por las voces anónimas de pantallas igualmente anónimas.
Es urgente recuperar nuestra riqueza cultural clásica, hoy encerrada en torres de concreto y acero. Devolver todas esas materias eliminadas de los currículos escolares porque estorban a las cortes tecnocráticas y a sus monarcas inescrupulosos. Es necesario rescatar el pensamiento de todos los sabios sin tiempo; historiadores, filósofos, científicos, poetas. Para salir del oscurantismo tecnológico al que nos arrean, es necesario liberar a Homero, a Virgilio, a Sócrates, a Aristóteles, a Dante, a Dostoievski, a Cervantes, a Descartes, a Rousseau, a Smith y a Marx, a Popper, a García Marques, y a todos los auténticos perseguidores históricos de lo bello, lo bueno y lo verdadero. A quienes nos llevaron en sus hombros a la civilización. De lo contrario seguiremos a merced de quien quiera manipularnos. Seguiremos siendo, y cada vez más, presos de la neurosis global.