En la Sierra Gorda de Querétaro, uno de los pulmones verdes más importantes del país, se desarrolla un fenómeno que mezcla prosperidad económica con un alto costo social y ambiental: el auge del mercurio.
El incremento del precio internacional del oro ha disparado la demanda de este metal tóxico, indispensable para la minería ilegal. En municipios como San Joaquín, familias enteras sobreviven de la extracción artesanal de cinabrio, un proceso que implica riesgos graves de intoxicación.
El precio del mercurio se multiplicó por diez en 15 años, pasando de 20 dólares el kilo en 2011 a más de 300 dólares hoy.
Los mineros procesan la roca en hornos de leña, liberando vapores venenosos que terminan condensados en botellas de plástico. Para obtener un kilo de mercurio se necesita cerca de una tonelada de roca.
Daño más allá de México
La ONU estima que México produce 200 toneladas de mercurio al año, colocándose como el segundo productor mundial, solo detrás de China.
Buena parte de esta producción se destina a la Amazonía, donde impulsa la minería ilegal de oro, contaminando ríos y afectando a miles de personas.
El problema es global: los intentos de prohibir la minería de mercurio han encarecido su valor en mercados clandestinos, lo que refuerza un ciclo de explotación que amenaza tanto a las comunidades mineras como a la biodiversidad.
En la Sierra Gorda, la bonanza económica se enfrenta a una realidad cruda: el dinero rápido llega a costa de la salud humana y del futuro ambiental de la región.
Convenio de Minamata sobre Mercurio
El Convenio de Minamata sobre Mercurio excluyó de los alcances del tratado internacional a la minería artesanal y a pequeña escala de mercurio, todos los mineros y mineras de México, Querétaro y el mundo que realizan esta actividad, son los olvidados de los acuerdos internacionales que de la Conferencia de las Partes (COP) emanan; se genera una violación sistémica a sus derechos humanos.
Aunado a lo anterior, al acercarse el plazo de bloqueo comercial, se incrementa la demanda el precio y será la antesala de la ilegalidad y la nueva trata de explotación laboral ante la prohibición inminente.
Así, se demuestra que las leyes no están hechas para los pobres, los vulnerables; y con ello se vuelve a demostrar que los que no tienen voz nadie los representa.
El mundo se colapsa ante las guerras (sin perder de vista que el mercurio se utiliza como detonador de explosivos en actos bélicos, ojalá no sea lo que detone la exploración masiva además del oro); y este fenómeno geopolítico nos está generando una globalización de la indiferencia que se expande de forma ola implosiva en los corazones del ser humano; nada será suficiente sino atacamos el virus más peligroso del mundo EL EGOÍSMO.
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