

Tara Parker-Pope
Hacer dieta. Hacer trampa. Rendirse. Repetir.
Si este ciclo te resulta familiar, bienvenido al mundo de las dietas crónicas. Las dietas, por su naturaleza restrictiva, imponen una mentalidad de ‘todo o nada’ que nos lleva al fracaso. Romper las reglas de una dieta suele conducir a un nuevo ciclo de comer en exceso, que a su vez lleva a otra dieta.
Janet Polivy, entonces estudiante de posgrado, junto con C. Peter Herman, profesor de psicología, empezaron a estudiar los efectos psicológicos de las dietas en la Universidad Northwestern en la década de 1970. Su investigación se inspiró en una estudiante que mencionó que sus compañeras de fraternidad hacían dieta todo el día, pero por la noche “comían todo lo que tenían enfrente”. La observación dio lugar a una serie de fascinantes experimentos que pusieron de manifiesto los cambios psicológicos que se producen cuando la gente empieza a restringir su alimentación.
“Las personas que hacen dieta muestran diferencias cognitivas en su forma de ver las cosas”, dijo Polivy, ahora profesora emérita de la Universidad de Toronto. “No se trata solo de estar a dieta en sí. Se trata de estas personas que hacen dieta de forma crónica y que siempre están entrando y saliendo de una. Se convierte en parte de su identidad”.
Los estudios fueron criticados inicialmente por desanimar a la gente a perder peso. Sin embargo, hoy en día un número creciente de científicos reconoce el costo psicológico de las dietas, que a menudo pueden ser contraproducentes y hacer que la gente coma en exceso.
En una serie de experimentos con batidos y pudines, Polivy y Herman descubrieron que las personas que hacen dieta reaccionan de manera diferente a los alimentos que las que no están a dieta. En los estudios, los participantes pensaban que se les pedía que probaran y valoraran diferentes alimentos. Para empezar, a algunas personas se les dieron batidos, y a todas se les pidió que probaran y calificaran galletas, pasteles o frutos secos.
Después de llenarse de un batido, la mayoría de los probadores comieron menos. Pero los que estaban a dieta en el grupo hicieron lo contrario. Si tomaban primero el batido, en realidad comían más durante la prueba de sabores. Al parecer, como habían “arruinado” su dieta de todos modos, decidieron que también podían comer más.
En otro grupo de estudios, se dio a los participantes platos de pudín de chocolate antes de probar los sándwiches. En una ronda, se dijo a los participantes lo que iban a comer: o un delicioso pudín de 600 calorías o un pudín dietético de 300 calorías. En otra ronda, los investigadores cambiaron los cuencos, pero mintieron sobre el número de calorías.
De nuevo, las personas a dieta se comportaron de forma inesperada. Si comían el pudín dietético, o pensaban que se lo estaban comiendo, comían menos después. Pero cuando comían el bol de 600 calorías —o pensaban que lo hacían— acababan comiendo más sándwiches. “Pensaban que habían roto la dieta, así que se soltaban”, dijo Polivy.
Los investigadores llamaron a este ciclo de hacer dieta, romper la dieta y luego comer en exceso el efecto “al diablo”.
“Si estás a dieta, una vez que te has tomado un batido, todo se sale de control”, dijo Polivy. “Es: ‘Oh, al diablo. Ahora ya no puedo seguir mi dieta. Ya la rompí, así que ahora puedo ir a comer todo lo que se me cruce por enfrente”.
Los estudios sobre el efecto “al diablo” fueron una de las primeras fuentes de inspiración para Evelyn Tribole, dietista titulada y coautora del popular libro ‘Alimentación intuitiva: el retorno a los hábitos alimentarios naturales’, ahora en su cuarta edición en inglés.
“Cuando escribieron sobre el efecto ‘al diablo’, estaban describiendo a mis pacientes”, dijo Tribole. “Se sentían como: ‘Metí la pata. Hice algo malo. Voy a comérmelo todo’”.
Tribole y su coautora, Elyse Resch, desarrollaron el enfoque de la alimentación intuitiva para enseñar a la gente a dejar de hacer dieta y a sintonizar con las necesidades de su cuerpo. Señala que escuchamos muchas de las señales biológicas de nuestro cuerpo, como tener la vejiga llena. Pero a menudo tendemos a ignorar las señales de nuestro cuerpo sobre el hambre, la saciedad y la satisfacción.
La alimentación intuitiva ofrece un conjunto de diez principios rectores para ayudarnos a sintonizar mejor con estas señales de hambre y eliminar los factores externos que nos impiden escucharlas. “No son reglas, no se trata de aprobar o reprobar”, dijo Tribole. “Son puntos de referencia para ayudarte en el camino”.
Para el desafío Come bien de esta semana, le pedí a Tribole que nos diera miniretos relacionados con los diez principios de la alimentación intuitiva. Hizo hincapié en que es mejor no probarlos todos a la vez. Anda despacio y ve qué puede funcionar para ti. “No hay una sola manera de hacer una alimentación intuitiva”, dijo. (Los suscriptores del Times pueden inscribirse en el desafío Come bien a través del boletín Well y recibir consejos adicionales [en inglés] si envían un mensaje de texto con la palabra “Hi” al 917-810-3302 para obtener un enlace para unirse).
MT



