Aunque The Beach Boys representan el sonido soleado y despreocupado de la California de los años 60, su historia cruzó brevemente con una de las figuras más siniestras del siglo XX: Charles Manson.
Antes de liderar una secta responsable de asesinatos brutales, Manson soñaba con ser músico. Y fue precisamente a través de esa ambición que conoció a Dennis Wilson, baterista del grupo e integrante central del mito surf pop.
En 1968, Dennis Wilson recogió a dos mujeres haciendo autostop en Sunset Boulevard. Eran integrantes de lo que luego sería conocida como la “Familia Manson”.
Wilson las llevó a su casa sin saber que, poco después, Charles Manson y varios de sus seguidores vivirían allí por meses. Fascinado por el estilo de vida hippie y la personalidad de Manson, Wilson llegó a grabar demos con él y le presentó contactos de la industria. Incluso grabó una canción de Manson —bajo otro nombre— en el álbum 20/20 de The Beach Boys: “Never Learn Not to Love”.
De las fiestas a la paranoia: la ruptura definitiva
A medida que el comportamiento de Manson se volvía más errático y violento, Dennis se distanció. Gastó miles de dólares en mantener a la secta (en comida, coches, tratamientos médicos) y, al final, abandonó su propia casa para evitar el contacto con ellos.
Tras los asesinatos de 1969, Dennis se negó a hablar públicamente sobre el tema. Años después, confesó estar traumatizado por esa etapa, y The Beach Boys nunca volvieron a abordar el asunto abiertamente.
Lo que empezó como un encuentro casual se convirtió en una experiencia que marcó para siempre la vida del baterista y añadió un capítulo inquietante a la historia del grupo.
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