El senador de Morena, Enrique Inzunza Cázarez, no se presentó este miércoles a la sesión de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, en un contexto marcado por una solicitud de extradición desde Estados Unidos por presuntos delitos de narcotráfico y tráfico de armas.
La ausencia ocurre días después de que el propio legislador asegurara que acudiría para responder a los señalamientos. Finalmente, optó por mantenerse al margen del debate público en el recinto parlamentario.
A través de redes sociales, Inzunza justificó su decisión señalando que no prestaría el espacio legislativo a confrontaciones políticas.
Según explicó, su presencia podría convertirse en un episodio de confrontación impulsado por la oposición.
El senador sostuvo que su decisión busca evitar que la sesión derive en un escenario de acusaciones públicas, alejadas —dijo— del propósito institucional del Senado.
El legislador se mantiene en Badiraguato, su lugar de origen en Sinaloa, donde ha reiterado que permanece “con la frente en alto” y cerca de su base social.
Desde ahí ha difundido mensajes en los que enfatiza su arraigo local y su decisión de enfrentar el proceso sin abandonar su entorno político y personal.
A diferencia de otros funcionarios señalados en investigaciones similares, Enrique Inzunza Cázarez no ha solicitado licencia a su cargo. Mantiene su escaño en el Senado, lo que le permite conservar el fuero constitucional.
El legislador ha insistido en que atenderá cualquier requerimiento de autoridades mexicanas, pero sin renunciar a la protección legal inherente a su posición.
El caso se enmarca en una investigación del Departamento de Justicia de Estados Unidos, que lo señala por presuntos vínculos con el crimen organizado.
Inzunza rechaza las acusaciones y sostiene que se trata de imputaciones sin sustento. En su defensa, incluso ha vinculado los señalamientos a su postura crítica frente a la actuación de la CIA en territorio mexicano.
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EL DATO
La ausencia del senador no solo abre un frente jurídico, sino también político. Su caso se inserta en un momento de alta tensión entre narrativas de seguridad, soberanía y combate al crimen organizado. Mientras el proceso avanza, la estrategia de mantenerse fuera del Senado marca una nueva fase en un conflicto que combina presión internacional y disputa interna.