Cuando el mundo católico espera con ansias la elección de un nuevo líder espiritual, todas las miradas se posan sobre una pequeña chimenea en el Vaticano.¿Sabes qué significa la fumata blanca o negra?
Desde la Capilla Sixtina, una columna de humo comunica en tiempo real el resultado del Cónclave; negro si no hay consenso, blanco si ya se ha elegido al nuevo pontífice.
Este antiguo ritual, que fusiona tradición, química y simbolismo, ha perdurado durante siglos. Luego de cada ronda de votación entre los cardenales, las papeletas se introducen en un horno especial.
Si ningún candidato logra los votos necesarios, se agregan sustancias como perclorato de potasio, antraceno y azufre. ¿El resultado? Una espesa fumata negra, señal clara de que aún no hay decisión.
En cambio, si se ha alcanzado el consenso —con al menos dos tercios de los votos—, las papeletas se mezclan con clorato de potasio, lactosa y resina de cloroformo para generar el esperado humo blanco, que anuncia al mundo que el sucesor de San Pedro ha sido elegido. Como confirmación, las campanas de la basílica de San Pedro resuenan con fuerza, envolviendo Roma en un momento de júbilo.
Pero eso no es todo. Minutos después, desde el balcón central de la basílica, el protodiácono —actualmente el cardenal francés Dominique Mamberti— pronuncia la frase que todo católico anhela escuchar: “Habemus Papam” (“Tenemos papa”).
Acto seguido, anuncia el nombre de nacimiento del nuevo pontífice y el nombre que adoptará como líder de la Iglesia católica, ambos en latín.
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Este anuncio no solo simboliza el cierre de un proceso sagrado, sino el inicio de una nueva etapa para más de mil millones de fieles en todo el mundo.