Santa Teresa de Jesús, la mística que sigue hablando al alma, vuelve a recibir a sus fieles. Tras 111 años de permanecer cerrado al público, su sepulcro fue abierto en la basílica de la Anunciación en Alba de Tormes, Salamanca.
Ahora, hasta el 25 de mayo, los peregrinos podrán venerar su cuerpo incorrupto, protegido tras una lámina de cristal.
La apertura de su tumba con fines devocionales no tiene precedentes modernos. Aunque sus restos han sido trasladados y examinados en otras épocas, como en 1760 y 1914, nunca se había ofrecido un acceso tan amplio a la ciudadanía.
En esta ocasión, se busca ofrecer un “regalo espiritual” que permita a los fieles reconectar con su vida, obra y enseñanza.
¿Quién es Santa Teresa de Jesús?
Santa Teresa de Jesús (1515–1582), también conocida como Teresa de Ávila, fue fundadora de las Carmelitas Descalzas, mística, reformadora de la Iglesia y escritora insigne de la espiritualidad cristiana. Entre sus obras más influyentes se encuentran El libro de la vida y Las Moradas, consideradas joyas de la literatura mística universal.
El cuerpo de la santa ha sido cuidadosamente custodiado por las Madres Carmelitas Descalzas, quienes también resguardan otras reliquias suyas: su corazón, un brazo y la urna funeraria regalada por la monarquía española.
Canonizada en 1622 y proclamada Doctora de la Iglesia en 1970 —la primera mujer en recibir este título— Santa Teresa dejó una huella indeleble en la historia religiosa.
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Su legado va más allá de los claustros: representa la fuerza de una mujer que reformó la espiritualidad desde el interior, predicando el poder del silencio, la contemplación y la comunión directa con Dios.
Peregrinos llegan desde distintos puntos de España para rendir homenaje a la fundadora de las Carmelitas Descalzas.
La basílica se mantendrá abierta de 9 a 22 horas hasta el 25 de mayo, con flujo constante de visitantes y fieles.
Fieles reunidos en la basílica de la Anunciación para venerar a Santa Teresa de Jesús, en una apertura histórica de su tumba.
La apertura del sepulcro es vista como una oportunidad espiritual para reflexionar sobre la vida contemplativa que defendió la santa.
La urna con los restos de la santa mística se expone protegida por cristal, permitiendo una vista cercana sin comprometer su preservación.
Las Madres Carmelitas resguardan cuidadosamente las reliquias de Santa Teresa: su corazón, un brazo y su cuerpo entero.