A bordo de un vuelo chárter que despegó de Houston, Texas, el menor aterrizó en Honduras junto a otros 63 migrantes, en lo que marca el inicio de una estrategia de autodeportación que pretende reducir el número de indocumentados.
El vuelo, calificado por el Departamento de Seguridad Nacional como voluntario y no derivado de redadas, incluyó a 18 menores, entre ellos cuatro niños nacidos en Estados Unidos que salieron del país para evitar ser separados de sus padres.
El Instituto Nacional de Migración de Honduras confirmó que uno de los pasajeros era un niño mexicano, aunque no se precisó si viajaba solo o acompañado.
¿Mil dólares?
Como parte del incentivo del programa, cada persona que aceptó salir de forma voluntaria recibió mil dólares en efectivo —alrededor de 19 mil 300 pesos mexicanos— y la promesa de poder reingresar legalmente en el futuro.
Este vuelo es el primero bajo la orden ejecutiva firmada el 9 de mayo por Trump, quien presentó el “Proyecto Regreso a Casa” como una opción entre dos caminos:
Abandonar Estados Unidos de forma voluntaria con ayuda federal.
O enfrentar consecuencias legales severas, incluyendo deportación forzada, cárcel, embargo de bienes y congelamiento de cuentas.
¿Dónde quedaron los pasajeros?
Del total de pasajeros, 38 se quedaron en Honduras y 24 continuaron a Colombia. Las autoridades estadounidenses aclararon que este vuelo no fue operado por el ICE, sino gestionado a través de la app CBP One, una plataforma que centraliza trámites migratorios.
Con esta medida, la Casa Blanca refuerza su enfoque de “mano dura” contra la migración irregular, pero ahora con una cara más amable: la elección voluntaria, aunque presionada, de retornar al país de origen.
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La presencia de menores y ciudadanos estadounidenses nacidos de padres migrantes plantea nuevas interrogantes sobre derechos, ciudadanía y protección internacional.