Se piensa que los accidentes de tránsito suelen ser responsabilidad exclusiva de las personas involucradas en la vía pública, conductores o transeúntes, sin embargo es importante considerar otros factores como el trazado del camino, diseño de los vehículos, normas de tránsito y hasta condiciones climatológicas en el momento del suceso. A pesar de las condiciones del entorno, es la conducta de las personas, sus conocimientos y capacidades, las que se ponen en tela de juicio para acreditar responsabilidades en el hecho.
La conducta de los choferes del transporte público está influenciada por una información ‘adecuada’ para conducir: reducir la velocidad en áreas urbanas de gran flujo, mantener separación de vehículos, orillarse a la acera para el ascenso y descenso del pasaje, abrir puertas en alto total, no circular en tercera fila, respetar el tiempo programado en la ruta de viaje, entre muchas otras. La realidad es diferente. Todos sabemos del comportamiento no adecuado del personal encargado de conducir grandes unidades de transporte de pasajeros. Es más, la mayoría de ellos omite tomar precauciones para reducir la exposición a riesgos, ‘buscan’ los choques en la vía pública y desconocen el cómo actuar al momento y posterior de un percance para mitigar las consecuencias de los traumatismos en ellos y en sus pasajeros.
El que los trabajadores del volante sean sometidos a valoración psicológica es una necesidad que debe ser atendida a la brevedad por las autoridades, pues ésta sirve como una medida preventiva y efectiva para reducir el número de muertes, inaceptables, por colisiones de tránsito, muchas veces evitables.
De igual forma, sería un medio para detectar lo que comúnmente se presenta en éste tipo de trabajadores: conductas adictivas (alcohol y drogas), estilos de vida poco saludables, conflictos en su personalidad, impulsividad emocional, violencia familiar, disfunciones sexuales, trastornos del sueño y estado cognitivo (pensar asertivamente, mantener la atención y buena memoria).
Las lesiones causadas por el tránsito constituyen un importante problema de la salud pública, cuya prevención eficaz y sostenible requiere de la colaboración de todos. Se estima que, cada año, en el mundo mueren 1.2 millones de personas por causa de choques en la vía pública y hasta 50 millones resultan lesionadas. Las proyecciones indican que, sin un renovado compromiso con la prevención, estas cifras aumentarán hasta en un 70% en los próximos 20 años. El Informe mundial sobre prevención de los traumatismos causados por el tránsito, publicado conjuntamente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Banco Mundial, señala la preocupación de ambos organismos por el hecho de que los sistemas de tránsito inseguros estén dañando gravemente la salud pública y el desarrollo mundiales.
Se escapan por el momento muchas más observaciones pero no quisiera omitir los efectos de estrés que tienen los pasajeros, particularmente los estudiantes universitarios, por el uso del transporte público. Además de los inconvenientes en su traslado y el monto de tarifa, los estudiantes pierden mucho tiempo que bien podrían aprovechar en actividades de estudio, recreación o asistencia a eventos culturales. El olvido de objetos escolares, las reacciones de enojo, la premura para llegar puntual, va impactando a la vida estudiantil y, en muchos, a su rendimiento académico.