Concepto reconocido por Víctor Magaña como la presencia de una variabilidad en el clima, ocasionada o bien de origen natural por la modificación de precipitación o temperatura, así como la constante permanencia de gases de efecto invernadero, y/o también como resultado de la actividad humana a través de los cambios de uso de suelo; cada vez es más latente en esta ciudad, cuya manifestación son las altas temperaturas, el incremento en la intensidad de agua cuando llueve o variaciones climáticas en los ciclos estacionales.
El cambio climático tiene su origen principalmente en las actividades humanas. Ante este panorama, los riesgos que se han ido construyendo poco a poco en esta ciudad son justificados a partir de un beneficio económico que soslaya la importancia de la naturaleza para la misma producción de riqueza; luego entonces la generación de riesgos derivada del proceso de urbanización con nula visión hacia el futuro de la misma ciudad.
En el contexto actual de degradación ambiental ejemplificada mediante los efectos del cambio climático que repercuten en el territorio, a través de los diferentes tipos de riesgos que exponen a la población a una vulnerabilidad constante, es preciso que se revalorice la naturaleza no como algo ajeno a la sociedad; sino como parte de esta, que lleve a la misma población a apropiarse de ella y cuidarla. De ahí que dicho marco referencial invita a que la ciudadanía sea parte de la construcción de ciudad con una perspectiva de integración con la naturaleza, donde la planeación urbana asuma las respectivas responsabilidades y actúe conforme al beneficio social y económico de la población, bajo un estricto apego de solidaridad globalizada.
Es momento de replantear las perspectivas ideológicas, económicas y políticas que han llevado a constituir la sociedad que tenemos, valorando el entorno natural y el construido, aun cuando no sea declarado oficialmente, pues el carácter de patrimonial no lo hace un documento sino la percepción social respecto a los beneficios aportados por este.