“Nunca más” fueron aquellas famosas palabras pronunciadas después de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial. Nunca más deberíamos recaer a tales niveles de violencia. La intención de los redactores de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) era erradicar el flagelo de la guerra mediante la creación de una organización internacional cuyo único propósito era mantener la paz y la seguridad internacional y resolver todas las controversias interestatales por medios pacíficos. Con el aniversario de la ONU podemos hacernos una simple pregunta: ¿las Naciones Unidas han cumplido esta tarea?
Se podría argumentar que la clásica guerra interestatal casi ha sido eliminada. Sin embargo, las guerras coloniales y civiles a lo largo de las décadas han aumentado, al igual que el número de muertos entre los civiles. Visto desde esta perspectiva las Naciones Unidas ha fracasado en su propósito principal. En general, esta falla se puede contribuir a los intereses políticos de los Estados. Si consideramos que las grandes potencias del Consejo de Seguridad de la ONU son también los mayores exportadores de armas del mundo, y que el presupuesto de las Operaciones de Paz de la ONU es menor al 0.5% del gasto militar mundial, podríamos preguntarnos cómo se pretende implementar una paz permanente si el foco está, todavía, en la fuerza.
Durante más de una década, se hizo un llamado a realizar una reestructuración del Consejo de Seguridad, sugiriendo una mayor representación geográfica y diferentes procedimientos de votación para representar las cambiantes relaciones de poder del mundo moderno. Sin embargo, para poder crear cualquier cambio significativo, se necesita un voto afirmativo por parte de aquellos Estados que han estado manteniendo sus poderes de veto desde la creación de la ONU.
¿Esto significa que la ONU es una falla completa? La respuesta corta es no. La ONU ha contribuido a crear un mundo más estable y justo enfocándose en establecer condiciones para una paz positiva. El sistema de Naciones Unidas funciona cuando los principales intereses de las potencias no se ven amenazados, particularmente en campos como educación, salud y ayuda en desastres.
Uno puede, o incluso debería, criticar el funcionamiento de la ONU. Hay suficientes cuestiones que deben abordarse, pero tampoco se debe olvidar que dentro de un sistema caracterizado por la anarquía, las Naciones Unidas son la mejor opción que tenemos.