«Descubrió que sus mejores fotografías no eran ilustraciones de aquello que conocía, sino que eran conocimientos nuevos. (…) Aprendió a ‘vivir dentro del proceso’ de la fotografía.»
John Szarkowski
Considerado como uno de los pioneros de la fotografía callejera, fue un buscador de la escena espontánea y el encuentro casual. Sus imágenes cargadas de suspicacia, juego e ironía, lo evidencian como un cazador de modelos anónimos y situaciones cotidianas.
Se dice que la gran mayoría de sus fotografías no las visualizaba desde el visor, con la finalidad de ejercer el menor control sobre la imagen y permitir que se expresara por sí misma; debido a esto, en general, sus planos son dramáticos y los encuadres imprecisos. El momento de fotografiar obedecía más a un momento antropométrico que visual.
Como muchos autores mencionan, la realidad no se puede conocer de manera directa, se requiere de algún dispositivo y, para Winogrand, una forma de aproximarse al mundo era precisamente a través de la cámara fotográfica. Él mencionaba: ‘Podría decir que soy un estudiante de la fotografía, es cierto; pero, en realidad, soy un estudiante de Norteamérica’. Con esta frase se infiere que su mayor motivación era esa, palpar el entorno, no obtener imágenes, prueba de ello es la enorme cantidad de material fotográfico que dejó sin revisar. Cuando murió, en 1984 –según relata Szarkowski–, dejó más de 2 mil 500 carretes expuestos sin revelar y unos 6 mil 500 revelados sin prueba de contacto.
Esto hace recordar que la cámara fotográfica puede mediar entre el ser y la existencia, y convertirse en un instrumento práctico, como el escudo brillante que permitió a Perseo cumplir la promesa de entregar la cabeza de Medusa a Polidectes: la atrapó a través del reflejo, anulando así su poder de convertir en piedra a quien la mirase.
Conviene visitar la exposición ‘Garry Winogrand, Women are Beautiful’ en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México. Se presenta hasta el 21 de enero de 2018.