Hace unas semanas me enfrasqué en una discusión por Facebook con un desconocido. El tema original era una queja sobre la forma en cómo los bancos explotan a sus clientes con tasas de interés altísimas, y que vuelven impagables los créditos para determinados grupos de personas.
Alguien dijo que ese comportamiento por parte de los bancos no era ético. Hay un flagrante abuso. Alguien debatió que eso no puede ser considerado como un comportamiento no ético, ya que lo estaban publicando, quien firma el contrato sabe lo que está firmando, y que, además, si está dentro del marco de la ley, es forzosamente ético.
Ahí es donde intervine yo. El hecho de que algo sea legal no significa que sea lo correcto. El hecho de que el cliente acepte ciertas condiciones no quiere decir que abiertamente está permitiendo que abusen de él. Uno no sabe qué motivaciones tiene alguna persona para aceptar condiciones negativas para poder tener un poco de dinero.
Quizás se trate de una enfermedad, salir de un apuro, o bien arriesgarse en un negocio. La persona en cuestión me debatió que para él “es muy claro: si lo permite la ley, entonces es ético”, y que además la ética es solamente una “apreciación”. No se trata de ventilar aquí a nadie, pero el tipo que dijo eso pertenece a la clase media alta, con buen nivel de estudios, y muy a pesar de eso, se trata de alguien que no sabe, no entiende, y no le importa nada de lo que esté relacionado con la ética.
Este caso ejemplifica la disociación que existe en la sociedad mexicana con respecto a la ética. Sé que de un caso no se puede generalizar. Sin embargo, cuando uno ve una y otra vez cómo en todos los niveles se ejerce la corrupción, –la cual es minimizada como un fenómeno cultural por parte del mismísimo presidente de la república–, es evidente la ignorancia que hay sobre la necesidad que es un soporte ético para todas las acciones que realizamos. El actuar ética y correctamente puede ocurrir dentro o fuera del marco de la ley.