El presidente francés Emmanuel Macron realiza su primera visita de Estado a los Estados Unidos, en un esfuerzo para el que parece estar particularmente dotado.
Ninguno de los líderes europeos ha logrado la “química” de Macron con Trump. Desde la visita de éste último a París el pasado julio, en la que Macron “apantalló” a su visitante con un notable desfile militar en el día nacional francés, las relaciones y entrevistas entre ambos mandatarios en varios foros en los que han coincidido, se han caracterizado por la simpatía, acercamiento y acuerdos mutuos. Ni Ángela Merkel ni Theresa May han conseguido nada parecido.
Macron lleva una agenda europea, esto es, de la Unión Europea, a su reunión con Trump. Desde hacer vigente el acuerdo nuclear con Irán, pasando por tratar de evitar los aranceles norteamericanos al acero y aluminio europeos, 25 y 10% respectivamente, mismos que ya aplicó a China, con lo que se desataría una guerra comercial que los europeos no desean bajo ningún concepto. Trump ha sugerido dejar las cosas como están a cambio de que Europa permita el ingreso de automóviles norteamericanos en condiciones preferenciales.
Bajo la influencia de su yerno judío Jared Kushner, Trump ha apoyado a plenitud la estrategia del dirigente israelí Benjamin Netanyahu consistente en aislar a Irán, evitando los apoyos de éste a insurgentes islámicos en Siria e Irak, así como a los palestinos que han sido desplazados de sus tierras por los asentamientos irregulares e ilegales israelíes.
Macron se ha aliado a la estrategia norteamericana de castigar militarmente al presidente sirio por sus atrocidades y los acompañó en el reciente bombardeo de hace unos días. No sólo eso, sino que se comunicó con el dirigente ruso para justificar el ataque. Por lo mismo pedirá cancelar el retiro de soldados norteamericanos de Siria, toda vez que la meta no es tanto la derrota del Estado Islámico como la reconstrucción siria.
Otro aspecto de la reunión será el abandono de Estados Unidos del acuerdo ambientalista de París. Todo un reto para dos políticos que son novatos en la función, pero que se han entendido muy bien. De los pocos socios que le son agradables a Trump, sin duda Macron es el principal.