En las primeras horas del pasado jueves, el Senado aprobó la Ley General de Comunicación Social. De seguir su curso legal, la llamada #LeyChayote entraría en vigor el primer día de 2019.
La ley había sido congelada y fue la presión de organizaciones civiles –que llevaron el tema a la Suprema Corte– la que obligó al Congreso a legislar en la materia y hacerlo antes del 30 de abril, por mandato judicial. Los legisladores dicen que cumplieron, pero, las organizaciones civiles que la impulsaron acusaron que la ley aprobada legaliza una práctica que inmortalizara ese gran mexicano que fue José López Portillo con la frase “no pago para que me peguen”.
Una de esas organizaciones civiles es Fundar, que en septiembre pasado –como consignó este diario– publicó el informe ‘Contar lo bueno cuesta mucho. El gasto en publicidad oficial del Gobierno federal de 2013 a 2016’.
Del informe destaca que la actual administración federal gastó 36 mil 200 millones de pesos en los cuatro primeros años del sexenio.
Entre las omisiones, Artículo 19 y Fundar destacan la ausencia de dicho marco normativo que evite el uso arbitrario y discrecional del recurso público, lo que se traduce en censura a medios críticos. Tampoco establece topes de gasto, no clasifica como comunicación gubernamental la difusión de logros de Gobierno ni establece sanciones a los funcionarios que no observen los criterios y objetivos de la ley.
Para rematar, esa misma madrugada el Senado eligió como comisionados del INAI a Carlos Alberto Bonnin y Blanca Lilia Ibarra Cadena. Más allá de si son cercanos a algún partido político, existe un posible conflicto de interés. Carlos era el encargado de la unidad de Transparencia del Senado y Blanca la directora del Canal del Congreso. ¿Serán capaces de evaluar objetivamente las respuestas que ambos dieron al INAI?
Como dato. En marzo pasado, Ximena Puente de la Mora, comisionada presidente del INAI, dejó el cargo para integrarse a la lista de plurinominales del PRI.
La única solución posible a estas decisiones la tiene la sociedad organizada. Se empieza en la urna, pero eso no basta.