Como apasionado de la historia del mundo contemporáneo y para estudiar a detalle los hechos que dieron origen a la sociedad de hoy, me gustaría comentar algunos tintes del soporte doctrinal y político de nuestras instituciones.
No cabe duda de que la cultura romana marcó un antes y un después dentro de la concepción occidental a la cual pertenecemos. Es asombrosa la gestación de las ciencias jurídicas a través del ímpetu romano; desplegaron sus pasos en términos de periodicidad con una monarquía, una república y, por último, el imperio.
Dentro del Coliseo y para demostrar fortaleza, los guerreros (esclavos) luchan a muerte para entretener al pueblo; alcanzan su cariño y reconocimiento. Sucedía algo similar con el ejército. El hombre con astucia en el campo de batalla y con el don de la estrategia de un gladiador, podía lograr el respaldo necesario para llegar al poder.
Inigualables próceres construyeron la grandeza de esta civilización, entre ellos, uno de los hombres más sobresalientes por su rigidez, ambición y disciplina militar: Julio César. Conquistador de la Galia y Cónsul de Roma en tiempos de tensión provocado por el triunvirato (época de rivalidad entre Craso y Pompeyo).
Pocos han tenido tanta influencia como él, único por su legado, tal y como lo sería en su oportunidad, Marco Aurelio. Estadista, impulsor de reformas para el bienestar de su gente. Consciente de que el Senado es un grupo selecto que goza de riquezas, corruptibles y de doble fidelidad que, al verse amenazados por la fama en ascenso de César, ingeniaron uno de los planes más perversos en términos de traición. Murió a causa de un acto de cobardía, lo apuñalaron más de 20 veces en una reunión privada.
El líder dictador buscaba la abolición de la república (implicaba reducción de autoridad a los senadores) no más privilegios ni “visto bueno” por parte de este órgano; el fin era unificar la visión de gobierno. Lo que necesitaba la ciudad en ese momento.
El estado romano es sumamente interesante por su legado jurídico; usos y costumbres que a la luz del día parecerían inmorales y deshonestos. Sin embargo, no podríamos encontrar el ahora sin hacer el análisis puntual de lo que fue, nuestra raíz ideológica.