La pugna por el poder económico entre el ‘matrimonio’ Rusia-China contra los Estados Unidos llegó a Sudamérica, la razón no es otra que el oro negro: el petróleo de Venezuela.
El ministro de Defensa de Venezuela, general Vladimir Padrino López, anunció la llegada a Venezuela de dos aviones tipo bombarderos rusos Tupolev Tu-160, un avión de transporte militar An-14 y un avión de pasajeros II-62, para la ejecución de maniobras militares conjuntas que incluyen vuelos operativos combinados para garantizar la defensa de su país frente a amenazas externas; es decir, que se trate de invadir a su país por parte de Estados Unidos y sus aliados, que no comparten las políticas del presidente Nicolás Maduro.
Esa razón es digna para ser mencionada el día de los Santos Inocentes, porque en primer lugar, Venezuela hipotecó su futuro, es decir, el petróleo a Rusia y China, con el objetivo de detener los problemas sociales que enfrenta el país por el pésimo manejo de los recursos. Rusos y chinos han prometido reactivar PDVSA, la otrora esmeralda de la corona por su capacidad para enfrentar la producción petrolera y sus derivados.
De todos es conocido que el ‘vaquero’ Donald Trump buscaba pretextos para invadir al país petrolero, no para ayudar por motivos humanitarios a los venezolanos, sino para tomar posesión de la riqueza petrolera como en el pasado hicieron otros expresidente estadounidenses con otros países, pero rusos y chinos se le adelantaron con la venia del presidente Nicolás Maduro y su séquito de corrupción apoyados en las expresiones ‘cantiflescas’ de algunos políticos colombianos o de la OEA, algo que no cabía en la mente de nadie.
Pensar que Colombia podría ser la plataforma para intervenir militarmente en Venezuela fue una ‘cortina de humo’ por los múltiples problemas internos que enfrenta el país. No es un nuevo capítulo de otra Guerra Fría, sino una pugna económica por el petróleo, porque a ninguno de los tres países le ha interesado ni interesa ahora o a futuro la suerte de los ciudadanos venezolanos.