En el verano de 2016, se hacía cada vez más evidente que Hillary Clinton era una candidata presidencial más débil de lo que muchos demócratas esperaban. Ella misma causó algunos problemas (los discursos de Wall Street), mientras que otros fueron exageraciones de los medios (¡los ‘e-mails’!). Sin importar las causas, a fin de cuentas no fue la candidata ideal para el momento político que atravesaba el país. Era una política experimentada de la clase dirigente en una época populista.
Por desgracia, ese verano ya era demasiado tarde para que los demócratas pudieran hacer algo al respecto.
Los candidatos con mejores probabilidades de derrotar a Clinton, o al menos generar reacciones, ya habían decidido no participar en la contienda, como Elizabeth Warren y Joe Biden. Bernie Sanders realizó una campaña muy sólida para un político desconocido. Sin embargo, que un socialista de Vermont obtenga el 43 por ciento de los votos en las primarias dice mucho de la ganadora.
La lección es que intentar identificar al nominado perfecto con tanta anticipación es absurdo. Cuando arranca una campaña presidencial, es difícil saber quién brillará y quién se verá en dificultades. También es difícil saber cuál será la atmósfera nacional al año siguiente, el de las elecciones.
Por eso quisiera hablar de la tan debatida posible candidatura de Biden en esta ocasión. Me atreveré a darle un consejo al exvicepresidente, al estilo del filme ‘Run Lola Run’:
Postúlate, Joe, postúlate.
Postúlate, porque tienes fortalezas que no tiene ningún otro candidato demócrata, como tu profunda experiencia y conexiones con el gobierno de Obama. Postúlate, porque tu imagen populista se ajusta a la estrategia política de los demócratas que ha logrado más éxito desde la generación pasada. Postúlate, porque nunca tendrás otra oportunidad, y porque no tienes miedo de perder.
Comprendo a quienes se oponen a Biden. Mi colega Frank Bruni lo explicó, y muy bien, al igual que Matthew Yglesias, de Vox, entre otros. A sus 76 años de edad, Biden no representa una nueva era ni es una opción emocionante.