Querida lectora, en relaciones humanas, cuando el contacto positivo se logra, el flujo va creciendo, en ocasiones, desbordando cauces. Esta tu columna “Turismo 4.0”, es una muestra de lo anterior, el flujo se incrementa poco a poco pero firmemente. El sábado pasado fue de Venecianas aventuras y seis queridas lectoras enviaron sus historias sobre ese ubérrima ciudad. Obligados a compartir tuvimos que hacer difícil selección. Nuestra mente montada en estas letras nuevamente viaja hacia la joya del Adriático
La Serenissima república de Venecia existió casi mil años y tuvo su auge cuando paso de ser un estado-ciudad a un imperio que domino todo el mar Adriático. Su importancia cultural, económica y política es fundamental para el desarrollo de nuestra civilización. Tenía su propio idioma el Véneto que hoy día hablan más de 2 millones de personas, curiosamente se habla en Chipilo Puebla. Venecia es un arquetipo mundial que simboliza lo sensualmente elegante, la cultura elevada y la aventura sofisticada. Conocerla es entender lo que es belleza para occidente.
Penélope de la libertad. Era una niña de doce años cuando acompañe a mi tía a Venecia, nunca voy a olvidar su rostro cuando al dejar la acuática ciudad nos bajamos del “vaporetto” para tomar el autobús y recorrer el “puente de la libertad” que nos llevó a tierra firme. Años después entendí que esa mueca solo la causa el adiós de un amante.
Pasarela improvisada. Ese año fui a Venecia tres veces, ¡mujer afortunada!, la viví con el frío del carnaval, en la inundación primaveral y con el sofocante verano. En la primavera te venden “botas” de colores hechas de plástico tipo bolsa de basura. Fue alucinante desfilar por unos tablones, haciendo equilibrios por la plaza inundada, la mayoría llevábamos la “botas”. Ya que me iba, tire “las botas”, vi como las agarraron y las volvieron a vender.
San Marcos tiene su piano. Napoleón, su conquistador, definió Venecia como el “salón más hermoso de Europa” y vaya que lo es. De mis recuerdos más intensos de niña fue tocar el piano de cola que está en la Plaza de San Marcos. Cualquiera lo puede tocar, puedes oír desde bellos conciertos hasta “los changuitos”