La fiesta de toros, en su esencia, está basada en el duelo intrínseco entre el hombre y la fiera
Juan Carlos Sámano
Utilizando los conceptos ‘ética, estética y patética’ del maestro David Silveti, comentaremos qué es lo que realmente está pasando en la llamada fiesta brava de nuestro país, con relación al ganado que se está lidiando en algunas plazas, y las repercusiones que esto puede traer en un corto tiempo con las asistencias en los tendidos.
La ética denota confianza, honestidad y por desgracia no la percibimos del todo en cuanto al trapío, la edad, la integridad de algunos encierros presentados. El toro-toro debe de llegar a una plaza con cuatro años cumplidos, bien rematados, con cara y que luzcan su musculatura, muchas veces oculta en una coraza de grasa, que lo único que provoca, es que los kilos les pesen y termine por pasarse. La presencia del toro-toro debe de transmitir respeto y miedo hacia los tendidos. Bajo este contexto, todo lo que el diestro desarrolle durante su faena tendrá un gran mérito y es solo así como trascienden las grandes gestas.
En cuestión de la estética, de entrada sabemos que existen tauromaquias de poder, tremendistas, llenas de técnica y artísticas. A esto agregamos que la mayoría de las ganaderías comerciales, las que más son solicitadas por los “mandones”, han sacrificado raza y bravura por clase, movilidad, y nobleza principalmente. Basado en esto, cada vez es más comúnver faenas que rayan en lo estético en lo artístico, ya que las mismas embestidas del toro así lo permiten. Por lo anterior, se extrañan faenas como la de Mariano Ramos a ‘Timbalero’, la de Cesas Rincón a ‘Bastonito’ o más recientemente la de Escribano a ‘Cobradiesmos’.
Por último, la Patética también juega en este tema, ya que sabemos que la fiesta de los toros, en su esencia, está basada en el enfrentamiento del hombre y la fiera. El primero aporta valor y técnica para enfrentar la fuerza y bravura del toro. Si analizamos un poco más a fondo lo que hemos visto en algunos ejemplares lidiados recientemente, estas dos características han brillado por su ausencia. Toros con muy poca bravura y escasa fuerza, por lo que la pregunta sería: ¿Dónde queda la esencia de la tauromaquia en relación al protagonista principal?
Sin duda alguna, los responsables o los encargados de solucionar esta problemática son sin duda matadores, empresarios, ganaderos y autoridades, en el orden que usted guste; solo ellos tienen en sus manos la posibilidad de darle un giro a esto que por desgracia se está presentando con más y más frecuencia en nuestra fiesta, o esperar a que el consumidor o aficionado decida tomar cartas en el asunto y se ausente de los tendidos de manera definitiva.