En inglés rumiante, tiene como primera acepción la cualidad que tienen aquellos que no pueden dejar de tener un pensamiento o un conjunto de ellos
José Luis Oliva
Hace 15 días, analizamos en este sabroso espacio sabatino las adicciones y viste que había seis tipos. Te prometí que las siguientes entregas serían sobre estas terribles costumbres de nuestra mente que merman nuestra productividad y cómo luchar contra ellas aumentando la consciencia. El sábado pasado, lo dedicamos al Jom Ofis, pero ahora si nos vamos sobre una adicción que viene muy al caso en estos días: la adicción al pensamiento.
En inglés rumiante, tiene como primera acepción la cualidad que tienen aquellos que no pueden dejar de tener un pensamiento o un conjunto de ellos. Hay varios tipos de pruebas para ver si uno cae en esa categoría que, en sus casos más graves, está identificada como el inicio de una depresión o una manía.
A todos nos ha pasado que un pensamiento nos ronda sin control y se vuelve obsesivo, literalmente una tortura. Esto es parte de la adicción al pensamiento, esta necesidad de pensarlo todo en todo momento, que dicho sea de paso es la que nos impide meditar. En los tiempos que corren, debemos de controlar nuestra mente y no estar “duro y dale” con la misma cantaleta en nuestras mentes. Aquí, seis consejos muy sencillos para controlarlo; el primero: aprovechar estos tiempos para adquirir la práctica de la meditación, basta sentarse, cerrar los ojos y contar 100 respiraciones profundas, al menos una vez al día. Ya verás el efecto.
NO autoreferencia. Cambia el pensamiento centrado en ti por el pensamiento enfocado en cómo lograr tus metas.
Háblalo con alguien. Platícale a alguien de confianza el pensamiento o grupo de pensamientos obsesivos que tienes; verás que al hacerlo te va a parecer ridículo. ¡Cuidado! No lo hagas con un ‘rumiante’ que ande en la misma obsesión.
Destácalo. Detén el pensamiento y analízalo; deséchalo. Lo detectas si vuelve a surgir y haces lo mismo; a los tres ciclos ya desaparece
Sonríe. Si sonríes, aunque no tengas ganas, disparas dopamina y refrescas tu cerebro. Hazlo. Aunque no tengas ganas, hazlo varias veces al día; si puedes hacerlo frente a un espejo, mejor.
Autoestima. Identifica actividades que aumenten tu autoestima, particularmente asociadas al pensamiento que desata tu rumiante actitud.