Parece más importante parecer feliz que incluso serlo: hemos pasado de un paradigma de felicidad secundario en la vida de las personas
Carlos Olguín
La evolución del concepto de felicidad, al igual que muchos otros términos, va de acuerdo a las modas o tendencias. En los tiempos modernos, parece más importante parecer feliz que incluso serlo: hemos pasado de un paradigma de felicidad secundario en la vida de las personas, donde se buscaba sin ser prioritario era lo prioritario, a hacer del cumplimiento de la felicidad un objetivo principal.
Parece que está geo-localizada, y las personas nos ponemos un ‘check list’, que implica ir a los lugares de moda, obtener la última tecnología, visitar el país de moda, saber jugar el deporte de moda; sin embargo, cuando esto se consigue aparece una segunda o tercera moda, y eso provoca frustración. Piense, por ejemplo, en los aparatos de teléfono: ¿cuánto tiempo le dura la emoción de tener el último modelo y cuanto tiempo pasa hasta que surge uno nuevo?
La mercadotecnia sabe que el materialismo es moralmente preocupante y que se ha disfrazado el consumo material de emociones y experiencias. Diciéndonos que al partir a otro lugares debemos de cargar con nosotros una mochila llena de experiencias, lo que no nos permite estar a solas, encontramos, reflexionar, y nos lleva a la auto explotación, porque se nos bombardea de información que nos dice que todo depende de nosotros, y lo peor es que nos lo creemos, sin reparar en todo el entorno. Esto trae de nuevo como consecuencias frustración y depresión.
Las redes sociales tienen un estímulo muy alto, debido a que en las redes sociales podemos crear nuestras propias circunstancias, a través de un “avatar” con la “mejor” versión de cada quien, donde se controla todo: las frases, los filtros, las fotos, donde muchas personas se enamoran más de su realidad virtual sobre la realidad verdadera; siendo adolescente, esto es mortal para la autoestima, pues comparar la vida en redes sociales con lo que nos rodea es un choque que requiere madurez para poder comprender. Para ello es conveniente leer el mito de narciso.
José Ortega y Gasset decía “yo soy yo y mis circunstancias y sino las salvo a ellas, no me salvo yo”. Las circunstancias que no elegimos pero que nos configuran, son muchas: el lugar donde naces, la familia donde naces, la época, nivel socioeconómico, etc. En la medida en la que nos demos cuenta de ello podemos evitar muchas decepciones y profundizar en otras. Para este punto, en manual de vida de Epicteto, los cuatro acuerdos Toltecas, entre muchos otros podrían resultarle de ayuda.
Por otro lado, en el sector de exportaciones y de la manufactura, con los datos del INEGI del sector industrial marca una caída del 35.5 por ciento en términos anuales para 2020. Son los peores números desde que se miden estas variables. La aportación de este sector en la economía es del 16 por ciento, haciéndolo uno de los sectores más importantes de la economía, generando uno de cada dos empleos formales en nuestro país registrados ante el IMSS.
Para contrarrestar los efectos de esta caída desastrosa, la competitividad es la clave, basada sobre todo en la certeza jurídica de los inversores, que su dinero está sujeto a reglas que no son cambiantes a capricho, sino que puede invertir y estar seguro que las condiciones van a ser iguales a las que lo atrajeron, y ahí parece que tenemos una enorme tarea pendiente.