Aunque es cierto que los militares son el órgano mejor calificado y de mayor aceptación entre los mexicanos, no justifica que se les haya convertido en constructores de aeropuertos y bancos, así como proveedores de personal para la Guardia Nacional y ahora se les ponga a administrar puertos
Arturo Cerda/Columnista
Andrés Manuel López Obrador ha ido de acusar a las Fuerzas Armadas de represoras y de expresar su deseo de desaparecerlas, a pretender usarlas para todo, sin olvidar que él mismo fue quien puso en la discusión pública la existencia de planes para un golpe de estado.
En ese marco, se dio la renuncia Javier Jiménez Espriú a la Secretaría de Comunicaciones.
Dejó el cargo por una diferencia de fondo con el presidente quien, de forma unilateral, determinó que la administración de los puertos quede en manos de la Secretaría de Marina.
Desde que el viernes de la semana pasada el mandatario hiciera el anuncio comenzó a correr la versión de la salida de Jiménez Espriú.
López Obrador argumenta que su intención es combatir la corrupción y al mismo tiempo dar seguridad a las aduanas en los puertos marítimos, particularmente en Manzanillo, Colima, sitio en el que reconoció que opera el narcotráfico para introducir fentanilo.
¿No bastaría con que las fuerzas armadas se encargaran de las labores contra el crimen organizado?
¿Por qué el presidente no atendió las razones del ex secretario de comunicaciones y transportes? Se supone que lo puso en el cargo por ser la persona mejor preparada para desempeñarlo. Pero su opinión, como sucedió un año antes con Carlos Urzúa, no cuenta frente al voluntarismo del presidente.
Otra muestra del “si no están conmigo están contra mí”.
Con todo respeto, aunque es cierto que los militares son el órgano mejor calificado y de mayor aceptación entre los mexicanos, no justifica que se les haya convertido en constructores de aeropuertos y bancos, así como proveedores de personal para la Guardia Nacional -cuerpo de seguridad presuntamente civil- y ahora se les ponga a administrar puertos. Su cada vez mayor presencia en el país parece una militarización de facto. Me pregunto cómo fue que el presidente pasó de criticar hasta la existencia de las fuerzas armadas a pretender emplearlas para todo.