Una respuesta común por parte de autoridades, constructoras y escépticos ante las propuestas de calles arboladas, ajardinadas, iluminadas y amigables con el peatón es que “aquí en México, eso no se puede»
Claudio Sarmiento/Integrante del Consejo Ciudadano de Urbanismo
Una respuesta común por parte de autoridades, constructoras y escépticos ante las propuestas de calles arboladas, ajardinadas, iluminadas y amigables con el peatón es que “aquí en México, eso no se puede.” Ésta es acompañada por justificaciones sobre costos excesivos, imposibilidades técnicas o, en varios casos, falta de cultura.
Los proyectos mostrados no son ajenos a temas ya expuestos por nuestro Consejo. Hermosillo presentó un proyecto para su Cerro de la Campana, protegiéndolo como área de conservación a través de esquemas de recreación y educación. Puebla arrancó un programa de gestión de residuos, creando un sistema “Puntos Verdes” en donde reciclar y compostar la basura, apoyada por una plataforma digital. Mérida detalló su Plan de Infraestructura Verde, que crea departamentos técnicos con las atribuciones necesarias para la planeación, coordinación e implementación de este tipo de proyectos.
¿Por qué no exigirle a Querétaro un mismo plan? Podemos tener una disposición que requiera que todo nuevo desarrollo habitacional tenga suelos filtrantes, cisternas de agua pluvial, jardines de lluvia y microcuencas para mitigar nuestras devastadoras inundaciones. Más aún, podemos involucrar a la ciudadanía con programas de adopción de calles y cursos de plantación, poda y protección de vegetación endémica. Porque las calles verdes sí se pueden – y se deben hacer – en nuestras ciudades mexicanas.