Lo sorprendente no es la opinión de un ciudadano que, evidentemente, desconoce la cobertura de El País sobre cómo España ha enfrentado esta pandemia. Lo inconcebible es el esbozo de risa burlona de López Obrador
Daniel Lizárraga
La respuesta que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador dio al periódico El País con motivo del reportaje sobre los 100 mil muertos en México a consecuencia de la pandemia por el coronavirus no tiene precedente. Dos cosas llaman a la reflexión:
-La rudeza irracional de confundir la línea editorial de un medio de comunicación con las políticas públicas del país donde éste es editado.
-Un Gobierno federal en el siglo XXI, recurre a un mensaje en redes sociales de un ciudadano, en solitario, para fijar su postura ante la crítica.
No se cuál de las dos es peor.
En aquella rueda de prensa matutina en Palacio Nacional, el vocero, Jesús Ramírez, hizo que se proyectara sobre la pantalla, que regularmente es usada como apoyo para las explicaciones de programas o estadísticas oficiales, el mensaje completo del ciudadano. En el texto se critica a El País por no denunciar lo que sucede en España respecto a los hospitales que ya no pueden atender más pacientes aquejados por el coronavirus y, de paso, también aprovecha el momento para mencionar que pronto habría concentraciones fascistas en Madrid.
Lo sorprendente no es la opinión de un ciudadano que, evidentemente, desconoce la cobertura de El País sobre cómo España ha enfrentado esta pandemia. Lo inconcebible es el esbozo de risa burlona de López Obrador.
La ironía del mandatario demuestra, una vez más, que el periodismo ideal para él será siempre aquél que se coloque en la misma trinchera de su gobierno. Las plumas que no se amolden a su forma de concebir la información pertenecen a los conservadores. El presidente se quedó atorado en el siglo XIX.
López Obrador no entiende que hay un periodismo profesional en México, en España y en otras partes de América Latina de la más alta calidad y que, por cierto, no está detrás de la misma trinchera de los “liberales” ni tampoco de los “conservadores”.
En los últimos seis años, el periodismo mexicano ha ganado cuatro veces el primer lugar en la Conferencia Latinoamericana de Periodismo Investigación (COLPIN). Los equipos que han conseguido llegar hasta ahí con La Casa Blanca de Enrique Peña Nieto, Fueron los Federales, El País de las Mil Fosas y, recientemente, Los Explotadores del Agua, evidentemente vencieron resistencias institucionales para dar a conocer esas coberturas y, no por eso, obligadamente ocupan un lugar en la misma trinchera del presidente.
Pero tampoco son sus enemigos. Ese periodismo ha entendido que su vocación es informar a la gente de la mejor manera posible, con el máximo rigor del que sean capaces sin importar colores partidistas. Ponen por delante todo para revelar algo que permanece oculto. A veces, o casi siempre, esa información no les gusta a algunos. Pero esas periodistas -en su mayoría mujeres- no buscan una palmada en la espalda ni una felicitación del presidente en turno. Levante la mirada señor presidente.