El abandono que nuestro gobierno determinó hacia las empresas ha provocado y seguirá provocando el cierre de millones de ellas
Alejandro Gutiérrez Balboa
A tres semanas de terminar el año 2020, tanto en México como en muchos países queda la sensación de un año terrible, del derrumbe de la economía, del fin de una época y de indefensión ante un virus que se llevará alrededor de un millón y medio de vidas.
La llegada y difusión de vacunas traerá finalmente la rotura de las cadenas de contagio, si bien esto ocurrirá a lo largo del próximo año. Esto quiere decir que seguirá habiendo enfermos y muertes por el Covid, pero poco a poco irán disminuyendo. Y también a pesar de las increíbles campañas en contra de la vacunación que hablan hasta de esterilización para quienes las reciban y otras estupideces por el estilo.
El abandono que nuestro gobierno determinó hacia las empresas ha provocado y seguirá provocando el cierre de millones de ellas, con la pérdida de trabajo para una cantidad de personas nunca antes vista y el empobrecimiento de grandes sectores de la población.
Lo mismo en el sector salud, el desabasto de medicamentos y un modelo de atención a la pandemia catastrófico, con total indiferencia y desprecio a los resultados. Y lo mismo en seguridad pública.
El empeño de reconstituir el viejo modelo político que gobernó el país a raíz de la Revolución Mexicana y hasta el año 2000, la polarización y la división introducida desde el gobierno día tras día, encubierto en un mensaje mentiroso, nos plantean que efectivamente, grandes cambios políticos se asoman en el horizonte.
2020 tiene que ser un año de lecciones, de aprendizaje y del despertar de la sociedad. Ni el discurso ni la narrativa oficiales pueden ocultar la realidad del desastre causado. Para cambiar y para mejorar se debe tomar la responsabilidad en nuestras propias manos, no dejarla en las de iluminados fracasados.
El mundo no será el mismo, pero si permitimos que los populistas dicten el futuro, ciertamente éste puede ser aún peor.