Emmanuel González Anaya, Director del Departamento Regional de Arquitectura. Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro. Twitter: @emmagon_
¿Recuerdas aquellos días en que era posible salir a jugar en la calle? Más allá de la nostalgia que este recuerdo puede traernos a muchos, quiero resaltar la importancia de que haya niñas y niños en la calle; no solo jugando, también aprendiendo a ser adultos.
Los niños aprenden a convivir en sociedad copiando lo que hacemos los mayores; y normalmente los adultos tenemos muchas cosas que hacer no solo en los espacios públicos, sino en los edificios a lo largo de las calles. ¿Cómo será posible que un niño aprenda lo que sucede en una tienda de conveniencia si no entra en ella y ve y escucha lo que allí sucede?
Siempre insisto sobre la necesidad de plazas y jardines seguros, iluminados, conectados y cómodos para que todos podamos usarlos de la manera que queramos. Debemos contar con banquetas anchas, caminables, accesibles y sombreadas para poder caminar a lo largo de ellas con comodidad y confort. Y hoy quiero remarcar que los edificios (de uso público o no) deben estar alineados a esas banquetas.
La red de espacios públicos debe servir para llevar a cabo nuestra vida pública, es por eso que esa red debe ampliarse de la misma manera (segura, cómoda, confortable, etc.) hacia los interiores de los edificios. De esa manera, con estrategias de diseño pensadas en la seguridad de todos, los niños podrán tener acceso de nuevo a aprender no solo como “esperar turnos en la resbaladilla del parque”, sino a mirar de forma detenida cómo funciona el mundo de los adultos: bancos, hoteles, tiendas, oficinas administrativas, restaurantes, cafeterías y un sinfín de inmuebles deben tener accesos francos que inviten a pasar desde la calle.
No permitamos que nuestras ciudades mueran al no permitir que los niños las vivan plenamente.