Ahora descubro y declaro, que no hay momento y/o pasatiempo más perfecto que cautive al técnico del entretenimiento, que el acompañar y ver los ojos de una madre sonreír, ante la visita casual de uno de sus cercanos
Lisandro. A. Meza De los Cobos/ Coordinador Licenciatura en Dirección de Empresas. Universidad Anáhuac
¡Esa es la vida hermanos! Un instante efímero y sublime de alegría y belleza, enmarcados por una bella sonrisa.
Y así es como me gustaría iniciar con esta columna semanal; tratando de encontrar las palabras correctas que puedan descifrar mi sentir contradictorio, intentando interpretar entre la prosa y el verso la respuesta idónea a los enigmas más grandes de la vida, para que me permitan continuar por este andar; pretendo ser coherente al escribir y al mismo tiempo entretenerlo estimado lector, para que por una semana más me permitan adentrarme a sus hogares y probablemente, en su sala de hogar discutan mi palabrería y así en algún momento palpar su corazón.
Heme aquí sentado frente al monitor de un celular, observando fijamente una fotografía de mi madre frente a uno de sus hermanos; no sé si fue captada por un teléfono de manzanita o de algunos de sus rivales orientales de alta gama, o fue con un dispositivo que inserta cinco lentes fotográficos distintos que escudriñan los defectos más ínfimos del rostro; desconozco si el retrato cuenta con filtros y/o retoques de color, pero pongo en pausa toda mi labor y hago zoom en esos ojos maternos y les pido que disculpen sí escribo en caliente.
Siento que mis adentros se llenan de sollozo y regocijo al mismo tiempo, aprecio un palpitar leve y acelerado entre mis indumentarias laborales, percibo un lagrimeo perpetuo y profundo que se desprende de mis ojos y simplemente dejo a mi ser llorar. Pues me pregunto tajantemente ¿cuánto tiempo he desperdiciado?,¿cuántos momentos sencillos pero sublimes he dejado de glorificar?,¿cómo es posible tanta ceguedad?
Ahora descubro y declaro, que no hay momento y/o pasatiempo más perfecto que cautive al técnico del entretenimiento, que el acompañar y ver los ojos de una madre sonreír, ante la visita casual de uno de sus cercanos.
Hoy no hablaré de industria, ni de espectáculos o manifestaciones artísticas; hoy solamente quiero perpetuar en mis adentros este espacio de tiempo histórico, quiero recordar por siempre esta imagen en mi mente y este pedazo de papel digital, hoy solamente quiero agradecer a la vida por el poco o mucho tiempo de vida que me queda restante, por haberme otorgado la bendición y gracia de conocer a mi madre, padre y hermanos, por los buenos y malos ratos que durante mis 36 años se engendraron entre nosotros, por el afecto que me encarnaron en lo más profundo del alma, por su cariño y sus abrazos.
A donde quiera que vaya y a donde quiera que fuere, siempre al amanecer y al caer de un nuevo sol, al nacer de nuevos períodos y al caer de las flores, es que por la eternidad los guardaré y recordaré en mi mente y corazón; como una familia sin igual, como un amor inmortal.