En el Palacio Nacional, llevaban semanas hablando de su presunta guerra contra la corrupción de científicos e implicados en la reforma energética cuando se les vino abajo el teatrito literalmente, por echarse un patito.
Emilio Lozoya, exdirector de Pemex en el sexenio de Peña y delincuente confeso, creyó que el trato VIP que ha recibido por parte de la FGR y el Gobierno federal incluía darse ciertos gustitos, como el salir a cenar a restaurantes de las Lomas y ¡sopas!, o más bien ¡patos! Fue exhibido en cuestión de minutos desmintiendo las versiones de que el señor no podía salir ni de su casa, versión declarada por él en uno de los tantos juicios que se llevan en su contra. De hecho, aseguró que no podía asistir a declarar por esta razón, pero, ojo, dijo a declarar más no a cenar, vivillo desde chiquillo ese Emilio.
La maroma en el Palacio no se hizo esperar y acusó el acto de inmoral, pero no, señor presidente, eso no es inmoralidad; eso tiene otro nombre, y aunque le cueste pronunciarlo, digámosle a las cosas por su nombre: lo de Lozoya es impunidad, y sí, por su parte hay corresponsabilidad. Más que pato, parece que alguien sigue cenando ganso.
Bien dicen que por sus Dos Bocas muere el peje, y sí, mientras con una alega luchar contra la corrupción, con otra demuestra que los abrazos que tanto presumió en campaña solo aplican para corruptos y el crimen organizado. Los catarrazos van contra todo aquel que se oponga a su Cuarta Deformación, y más si resultas ser su trabajador.
¿No me cree? Pregúnteles a los trabajadores de la refinería Dos Bocas que se manifestaron con paro de labores, solicitando mejor equipo de protección y pago de sueldos adeudados. Aquí podrá existir el debate si fueron las formas correctas o legales, pero en lo que no puede existir debate es que la forma en que fueron tratados por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana parecía más el juego del calamar tabasqueño que una acción de autoridad, y para muestra ahí está el saldo de heridos que generó la trifulca en la que, según la Secretaria de Energía, solo participaron 10 “revoltosos”.
Pues sí, los cientos de trabajadores que aparecen en fotos y videos resultan ser 10c. Ahora entiendo por qué los costos de la refinería nomás no salen, los costos del capricho ya van en más de 308 mil millones de pesos y con aumento promedio de más del 10 por ciento cada año, el trato y derroche presupuestal en esta obra solo puede ser viable con un Gobierno así de CRIMINAHLE.