Aún con la terrible resaca de la barbarie, se nos acumula la incertidumbre de no poder garantizar la permanencia de la franquicia en nuestra ciudad y tal parece que, aunque no fuimos desafiliados formalmente, no deja de ser una desafiliación velada, el hecho de urgir al Grupo Caliente a vender al finalizar el torneo; a tener un año de veto para el estadio y a no contar con público en las tribunas; todo parece abonar a la desaparición del equipo de la Primera División. Nos vienen meses complicados y llenos de rumores.
Sin embargo, la vida sigue y por el momento ya nos urge nivelar la nave en lo que a lo deportivo se refiere. Dos derrotas seguidas, por la razón que guste y mande, son dos tropiezos que nos dejan en muy mala posición en ambas tablas. En lo que se refiere al torneo de liga, caminamos en el lugar 16, a solo un punto de los equipos sotaneros, o sea que cualquier pérdida de unidades y que ellos las obtengan, nos dejaría nuevamente en el último lugar, al igual que en el torneo anterior. En el cociente, el colchón se está desinflando. Nuestro próximo rival, el S. Luis, nos pisa los talones a tan solo siete puntos (tres partidos) y, con un encuentro pendiente, Juárez está a 15 (cinco partidos); Tijuana, a 11 (4 partidos); ambos, también con una contienda pospuesta. Aquí la única ventaja, si así la podemos considerar, es que el desafío aplazado de Xolos y Tuneros es entre ellos. Mazatlán, a tres puntos, con también con un pendiente. Necaxa, con el triunfo sobre nosotros, se nos acercó a solamente una unidad.
Por donde quiera que se le vea, nuestro panorama se ve negro. O empezamos a sumar de tres o, aparte de todas las desgracias ya enlistadas, agréguese la multa de este torneo y condenados a ser el último lugar en la tabla de cocientes para la siguiente temporada.
Las redes nos siguen crucificando. Los culpables están castigados, pero la indignación prevalece. No cabe duda que el antiguo adagio, tan lleno de sabiduría, se cumple: “Lo que mal empieza… mal acaba”.