Finalmente nos libramos del brete de la Revocación de Mandato, entramado mediático-circense que resultó caro e inútil para todos, ni siquiera para quien lo habría usado con fines de perpetuación en el poder. Lecciones o aprendizajes que deja el experimento para la posteridad: ninguno, fuera de permitirnos atestiguar cómo se muestra el cobre en esta clase de eventos de alta polarización, con los acarreos y demás flagrantes violaciones a la ley, de las que la autoridad electoral habrá tomado nota y deberá sancionar, se enoje quien se enoje.
Querétaro, como se esperaba, y al igual que algunos otros estados, no se volcó de manera entusiasta a las casillas.
En definitiva, una pérdida de tiempo y de mucho dinero. Aunque la idea propuesta por el queretano Santiago Nieto en el sentido de ponerse en práctica también en los estados y municipios no suena nada mal, siempre y cuando sea implementada de oficio a la mitad del mandato y sin que tenga que ser solicitada a conveniencia de algún actor político en particular. De esta guisa, el gobernante en turno sabrá que será evaluado a la mitad de su período y reemplazado en fa por otro, si su desempeño no es el esperado. Así, gobernadores como Cuauhtémoc Blanco y tantos más, ya estarían de regreso en sus casas, echados de sus cargos a medio término para que no causen más daño.
Pero ahora, ya entrados en la vacación de Semana Santa, -y posteriormente en la ‘revacación’ de semana de Pascua-, la atención ya podrá redirigirse a otros temas de la miseria nacional, como la también infame reforma eléctrica, cuyo proceso en la SCJN y al igual que la Revocación, tampoco arrojó un resultado contundente, en este caso, acerca de la constitucionalidad de la reforma, pero sí causó un aluvión de descalificaciones a su presidente, el también queretano Arturo Zaldívar, por ser uno de los cuatro ministros que no la votó como inconstitucional.
Tiempos de confrontación y de dimes y diretes de ínfimo nivel y de enorme pobreza argumentativa, que son los que de manera preocupante direccionan el destino del país.
Ni Santa, ni semana
Me queda claro que la palabra Santa no va mucho conmigo, ya que el calificativo aplica para mujeres que, en la historia de la religión cristiana, han demostrado tener una relación directa con Dios y sus mandamientos. Puedo apostar que en este momento usted, amable lector, hizo un alto en su lectura, miró al cielo y trató de recordar los diez mandamientos de corrido. ¿Lo logró? Yo tampoco.
Puedo apostar que en cuanto mi santa madre -todas nuestras mamás son santas- lea esta columna, me regresa a mis clases de catecismo, a las cuales recuerdo asistir gustosa porque las monjitas de ese lindo convento ubicado en Coyoacán, lleno de jardines, flores y grandes árboles, nos obsequiaban un chocolatito caliente junto con unas deliciosas galletas elaboradas por sus inmaculadas manos, y que servían de calmante al grupo de infantes que íbamos a aprender el librito que puntualmente señalaba los terribles castigos que Dios nos aplicaría si nos portábamos mal.
A mis nueve años de edad fue horrible saber que yo podía ser una pecadora en potencia y que la furia del Creador caería sobre mí, y más porque no solía devolver correctamente el cambio de mis compras de golosinas en la cooperativa de la escuela, ó cuando tomaba prestado sin permiso -no robarás- el lunch de mis compañeritas. Pero afortunadamente me instruyeron que con el “malamén” todo se soluciona y Dios me perdonaría de inmediato. Entonces me dispuse a traer el “malamén” en la boca y a cada segundo, porque pues esas mañas no se quitan tan fácilmente y más valía tener saldo a favor con el perdón.
También, a una persona santa se le concibe perfecta y libre de toda culpa, y tampoco creo encajar en ese esquema, aunque en mi terapia para subirme la autoestima me dicen que debo de creerme perfecta. ¿Y a qué venía tanto rollo sobre mis inicios a la doctrina católica? Ah, es que estamos cruzando la semana santa y desde hoy jueves, las cosas se ponen caóticas en Querétaro, ya que la fiesta cristiana -que llamarle “fiesta” a la conmemoración de la muerte del Nazareno, me es doloroso-, misma que es una atracción turística, provoca un caos vehicular en el centro de la ciudad por la cantidad de cristianos que se aparecen por ahí para rezar y agasajarse con los deliciosos buñuelos y elotes. Pero a lo que más le tengo pánico es al turismo familiar propio y de mis vecinos, porque la alberca del condominio donde vivimos se convierte en un remedo de Tepetongo, y eso de mirar cuerpos cheleros y carnes flácidas ajenas, afecta la salud de mis retinas. Sólo volteo al cielo y digo: Dios, ¿qué estoy pagando? Líbrame del “malamén”.
Huyendo de la violencia
El día de ayer se publicó una nota referente a la solicitud de asilo en México por parte de 17 mil refugiados de ciudadanía ucraniana y también rusa, según reporta el canciller Marcelo Ebrard. No tenemos la menor duda de que se les recibirá de manera amigable y humanitaria, como ocurrió con chilenos, españoles y más en el siglo pasado. Sin embargo, llama la atención que estos hermanos que huyen de la violencia de la guerra busquen asilo en otro país por demás violento, que ha generado más de 100 mil muertos en condiciones de violencia en lo que va del sexenio (por encima de los 2,200 homicidios al mes en promedio, con múltiples picos), según datos revelados por la organización Justice in México, contra los 1,611 civiles caídos en 44 días de guerra en Ucrania, según el balance oficial del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU.
Por supuesto que el manejo de los números tiene sus asegunes, porque se dice que esta última cifra seguramente es mayor pero, por otro lado, las correspondientes a México tampoco incluyen a los desaparecidos.
¿Por qué México?, es la pregunta. ¿Será para brincar después a los Estados Unidos? Sólo es curiosidad.
Le esperamos el sábado a las 9:00 de la noche en la KJeta por el Canal 10 de RTQ en señal abierta y de cable, y por streaming en rtq.mx. También le recordamos que tenemos una cita aquí el próximo jueves…para echarnos otro caldito.