En nuestras vidas pasan personas que dejan un gran ejemplo de amor, muchas veces no solo en nuestra vida si no en nuestra historia. Un ejemplo de santidad y de ejemplo de hombre, es la vida del Ilmo. Monseñor Arcediano Dr. Don Salvador Septién Uribe, quien dejo un ejemplo permanente en muchas generaciones.
El Ilmo. Monseñor Septién nace el día 24 de septiembre de 1886, en la hermosa ciudad de San Juan del Río, Querétaro y es bautizado al día siguiente de su nacimiento en la Parroquia de San Juan Bautista, hoy Santuario Diocesano de Nuestra Señora de Guadalupe, por manos del padre Esteban García Rebollo, en ese entonces cura de la ciudad, y recibió el nombre de José Salvador María Pafnucio; fueron sus padres Don Salvador Septién, de oficio escribano público y Doña Herlinda Uribe.
Desde su niñez se distinguió en el Liceo Católico por su inteligencia y piedad; trasladado al Seminario Conciliar Diocesano, continuó ganándose el aprecio de sus superiores y condiscípulos, sustentando exámenes públicos de Teología Dogmática y Canto Gregoriano.
Recibió en la ciudad eterna la dignidad sacerdotal el día 28 de octubre de 1911, la cual le fue conferida por el Emmo. Señor. Cardenal Pedro Respighi, quien era vicario del Papa para la ciudad de Roma.
Vuelto a México, el Excmo. Señor Rivera, Obispo de Querétaro, lo tomó como su secretario particular. Asistió a la muerte de este noble Prelado el día 2 de mayo de 1914. Apenas reabierto el Seminario Conciliar, fue nombrado Profesor para enseñar en sus aulas, oficio que desempeño por muchos años con singular acierto.
Fuera del Seminario su hoja de servicios a la Diócesis contiene lo siguiente: Párroco de Santiago durante los días más difíciles de la persecución religiosa de Carranza; Profesor de Teología Dogmática en el Seminario de Veracruz, trasladado a la ciudad de México por el Santo Obispo Don Rafael Guízar y Valencia como consecuencia de la persecución religiosa; Pro vicario General de la Diócesis durante el Episcopado del Excmo. Señor Tinajero; Vicario Capitular (sede vacante), a la muerte de éste y Vicario General, desde que el Excmo. Señor Toriz tomó posesión de la Diócesis hasta el día de su muerte.
Tuvo la dicha de ser uno de los principales organizadores de la Solemne Coronación Pontificia de la Santísima Virgen del Pueblito, Reina de Querétaro, el día 17 de octubre de 1946; él compuso junto con el maestro Julián Zúñiga, el hermoso himno de la Coronación, que es un ejemplo de fe llevado a la música. Así mismo participo con gran entusiasmo en la Coronación Pontificia de la Virgen Santísima de los Dolores de Soriano en la celebración del primer centenario de la erección de la Diócesis de Querétaro.
En premio a sus virtudes y de sus méritos, se le nombró Canónigo de Gracia el día 21 de diciembre de 1946; Arcediano, el día 18 de marzo de 1949; Prelado Doméstico de Su Santidad el día 17 de julio de 1959, y Protonotario Apostólico ad instar participantium el día 21 de agosto de 1961.
Falleció en la Ciudad Episcopal de Santiago de Querétaro, el día 5 de enero de 1978; el día 15 de enero de 1984 sus restos son exhumados y trasladados a las criptas de la Santa Iglesia Catedral de la Diócesis de Querétaro, en donde los fieles le tienen una especial veneración y por lo regular aparecen en su nicho los famosos “milagros” y flores de quienes lo visitan.
En nuestra ciudad, una calle del fraccionamiento Fundadores lleva el nombre de este insigne sanjuanense y la Diócesis de Querétaro inicio en el año 2021 el proceso de beatificación y canonización de este ilustre personaje.