Siempre he entendido el futbol como entretenimiento. Más allá de un deporte (que si lo es), la naturaleza de su atractivo convirtió al balompié en un negocio donde las transmisiones de TV, los patrocinios, apuestas, entradas a los partidos, venta de souvenirs y cobertura de medios moldearon el desempeño atlético transformándolo en un circo (entendiendo circo como un espectáculo artístico e itinerante donde vemos actos insólitos).
Buscando otra analogía, el futbol es como un teatro, donde el entrenador prepara un guion para su equipo. El desempeño está planificado para agradar al público, pero tiene la variable de que habrá más actores sobre el escenario, que harán lo necesario para ganar los aplausos del público.
En algunas televisoras, buscando fomentar la creatividad en sus colaboradores, los directivos hicieron analogías similares a las que propongo previamente. Lamentablemente hubo productores distraídos que no entendieron el lenguaje y consideraron que les hablaban de forma literal, y se adentraron en el mundo del circo y del teatro.
Hoy una parte de la cobertura mediática del futbol es un teatro donde programas como “La Última Palabra” y “Futbol Picante” crean un guion para seguir una polémica actuada que nos remonta al teatro griego donde se exageraban los sentimientos para involucrar al público en la historia. Hoy tristemente nos damos cuenta que el mayor rating lo tienen los programas donde los periodistas olvidan el análisis deportivo para crear una tragedia griega donde se ofenden y se descalifican.
El teatro era soportable. Hemos llegado a un momento donde ESPN nos presenta un circo donde su conductor “Alvarito Morales” se para sobre el escritorio de conductores para burlarse de uno de sus compañeros bailando y regocijándose de una manera absurda por la derrota de un equipo.
Hay gustos para todo. Y es importante señalar que hay quienes gustan de este teatro y de este circo. Lo malo, y lo curioso, es que la barra de TV deportiva cada día está más lejos del deporte.