La lucha contra la corrupción debe ser algo más que un discurso, se trata de realizar acciones que causen un verdadero impacto en cada sector de la sociedad para alcanzar un cambio que se refleje en una mejor calidad de vida de las personas y erradique los problemas sociales que nos aquejan en la actualidad. Desde la academia, tenemos la obligación promover una cultura de honestidad en cada joven, restaurar en las conciencias los valores que hemos ido perdiendo contra las prácticas negativas que se han normalizado.
Tenemos una gran oportunidad de cambiar a nuestro país, con cada acción se ve reflejado lo que somos, por ello, tenemos el reto de impactar cada conciencia en cada aula, en cada espacio, pero, también, debemos trabajar desde casa, en nuestras familias, en nuestras relaciones personales, pues con cada decisión que tomamos, contribuimos en la formación de personas solidaras y responsables.
Ante este panorama, tenemos una misión difícil pero no imposible, en la que las instituciones hacen su tarea, creando sistemas anticorrupción, leyes y reglamentos, códigos de ética y programas de capacitación para la erradicación de la corrupción, pero, en esta tarea entramos todas y todos, y cada uno tenemos una gran responsabilidad para lograr un impacto verdadero.
El ideal de alcanzar un México mejor no es un sueño utópico, será el resultado de tomar decisiones diarias que generen pequeños cambios, pero que, acumulados, consoliden cimientos fuertes, llevando el mensaje a nuestra niñez y juventudes, que el éxito no se encuentra en lograr fortunas a cualquier precio, sino en generar resultados que nos hagan sentir orgullosos de lo que somos, de nuestros valores, nuestro trabajo y de lo que nos distingue como país.