Querétaro fue una de seis ciudades que se sumergieron en Lupercalia.
Aquel mundo creado por Munly J. Munly (Jayson Thomson) y cuatro músicos que integran el proyecto estadounidense Munly & The Lupercalians, que se presentó por primera vez en México.
Todos a excepción de Munly, portaron túnicas negras complementadas con máscaras o coronas de madera.
Dignos atuendos para el ritual en el que envolvieron a la audiencia queretana que presenció su actuación en el Jardín de la Cerveza Hércules.
Ellos, arriba de un escenario de madera al centro del lugar, ofrecieron más de una docena de canciones que los han colocado como un proyecto de culto dentro del género gótico. Dos percusionistas, dos tecladistas más el banjo o guitarra de Munly, hicieron de esta presentación un concierto poco común.
En Lupercalia predominan atmósferas en las que se mezclan sonidos e influencias como Bauhaus, Tom Waits, The Cure o Midnight Oil, que dan como resultado un mundo único con las letras de Munly. Temas como ‘Ahmen’, ‘ben Asher’, ‘Döder’, ‘Cat’, ‘Jehu’, entre otros, son los medios perfectos para la conquista de ovaciones y nuevos oídos.
Al final, todos los músicos conviven con los asistentes. Platican y se toman fotos. En cada ciudad a la que llegan, aprovechan para conocer su cultura y en Querétaro pasearon por el centro, el mirador de Los Arcos, el mercado de La Cruz; también conocieron la pirámide de Corregidora y la Calzada de los Ancestros.
Todo ello, documentado por Rebecca Vera, que dentro de Lupercalia se hace llamar Hails y se encarga de los teclados y coros.
Lupercalia se ha materializado en ciudades de Estados Unidos y países de Europa por varios años. Los músicos se alimentan de cada lugar que visitan y se toman el tiempo de conocer su cultura. En Querétaro, CDMX, San Luis Potosí, Guadalajara, Monterrey y Saltillo, se presentaron por primera vez.
Y gracias a su música, conquistaron varias decenas de nuevos seguidores, dispuestos a regresar a Lupercalia, cuando este mundo sonoro vuelva a tierras mexicanas. Una noche en Lupercalia, bien vale la pena.