Para quienes les extraña el término “ombudsperson”, podemos encontrar su significado, simple y llano, como: defensor del pueblo. En ese sentido, estimada o estimado lector, tenemos una figura de ombudsperson en el plano federal, quien dirige los esfuerzos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y en el ámbito local, tenemos a la Defensoría de los Derechos Humanos de Querétaro, presidida por el Dr. Javier Rascado Pérez.
En esencia, ambas instancias están dedicadas al respeto, garantía, defensa y promoción de los derechos fundamentales. Remitiéndonos al caso queretano, hemos tenido un rezago en esta materia gracias a la mala gestión de las presidencias en turno. En la titularidad actual, tenemos una actuación sin brillo cuya intervención en la agenda pública es limitada; se opina en temas selectos y la directriz se desprende del poder ejecutivo aún cuando son órganos autónomos. Por otro lado, al iniciar la gestión del Dr. Rascado, se prometió una labor impecable y con miras de crecimiento, por el contrario, han aumentado los despidos injustificados del personal cuya experiencia es valiosa.
En relación al trabajo realizado, gozamos de la ausencia de proyectos relacionados a la mejora legislativa con enfoque pro persona. Mantienen un registro nulo. Se suman a la lista, la opacidad en la emisión de recomendaciones y la evasiva de ciertos posicionamientos en los asuntos álgidos para la sociedad; aunado a que el Consejo de la Defensoría de los Derechos Humanos, fue silenciado por el grupo mayoritario en la legislatura estatal, mediante la última reforma efectuada en la Ley de Derechos del Estado de Querétaro.
Se quedaron sin voz ni voto. Es cuanto, que las y los diputados, siguen sin nombrar a dicho Consejo, pese a un exhorto realizado por la Dip. Andrea Tovar del grupo legislativo de MORENA. Ante esta situación, tenemos el deber de exigir al defensor del pueblo, que abogue por las personas que verdaderamente lo necesitan con una labor de calidad. Por consiguiente, ¿en dónde está el Ombudsperson Queretano?