Hay cosas que por más que nos esforzamos, nuestra mente no da para entenderlas. Permites que se vaya un portero confiable (Gil) e identificado con nuestros colores a un equipo donde calentará la banca. Tienes entre tus filas a otro portero de experiencia (Aguerre), que en su única temporada demostró capacidad, profesionalismo y compromiso con el club, te peleas con él y lo relegas. Traes a uno de la Liga de Expansión (Allison -25-), se te lesiona en el primer partido, se asume que has escogido a un buen segundo portero (Arana -31-) para que lo supla en caso de emergencia, tal cómo sucedió; hace la pretemporada con el grueso del plantel, le llega su oportunidad para cubrir el arco en un partido oficial; ya hizo grupo, pero lejos de arroparlo y darle la confianza, traes a un chamaco (Tapia -35-), que su único mérito, perdón no sabemos cuál es ese mérito, y lo debutas en la Primera División acabado de llegar y en un clásico. ¿Parece esto congruente?
Durante el partido, nuestras “alas” se escondieron, Barrera (8) no apareció, Sierra (23) con destellos y un portero nervioso que le quitó confianza a la zaga; iniciamos ganando, pero en 15 min., nos dan la vuelta; y en lugar de hacer ajustes donde se requería, se hacen movimientos incomprensibles: ¿Un contención Escamilla (5) por un delantero Ayón (26) al medio tiempo? Obviamente nos hacen el tercero y a los cinco minutos, cambios más desesperados, un delantero centro Sepulveda (15) por un extremo López (7), pero dejas dentro a tus alas escondidas, al mismo tiempo sacas a tu mejor pasador Montesinos (10) por el killer Sanvezzo (17) ¿quién le iba a surtir balones? Con el cuadro descompuesto, nos atragantan de cuero con un cuarto gol; y entonces, otra sustitución ilógica, el nominal ala izquierda, ahora retrasado, Sierra (23) por un lateral derecho Gómez (12), por fin sacas a Barrera (8) por Sandoval (13) quizá el único cambio congruente y funcional.
¿Resultado? Goleada y humillación de nuestro acérrimo rival deportivo, nos clavó cuatro… y nos salió barato.