El deporte pasó al profesionalismo para permitir que los más talentosos en el juego pudieran llevar sus habilidades al extremo y asombrar a los espectadores aún más de lo que lo hacían con sus cualidades natas. Se decidió cobrar por verles ya que la pericia con que desempeñaban su profesión era digna de admiración.
Por ello cuando el deportista se aleja del entrenamiento, el alto desempeño, la espectacularidad o el riesgo es motivo de escarnio o rechazo del público.
Hoy tristemente estamos viendo de manera frecuente que el deportista no pone como prioridad la admiración que el público siente por él y descuida los argumentos por los que cobra (y muy bien por cierto). Les comparto ejemplos recientes.
CONVOCADOS A LA SELECCIÓN
Dirigiendo a la selección olímpica Jaime Lozano dijo que de estar con el equipo mayor renovaría la plantilla y jugaría con lo mejor de la liga. Hoy ya está ahí y vemos que la convocatoria es prácticamente la misma que los anteriores técnicos. Mantienen a Ochoa, le dan juego a Jiménez sin importar que Giménez (con G) pase por mejor momento, y dejan en el olvido a varios con mayor nivel que los convocados como Aldo Rocha. Parece ser que si hay línea en las convocatorias del tri.
FIGURA DEL TOREO
Considero a Joselito Adame como el torero mexicano activo con mayor trayectoria. Debería de marcar la pauta entre sus compañeros. La pauta que marca (de acuerdo a fotos que vi de sus más recientes corridas en Pachuca y Monterrey) es lidiar toros con un trapío que no invita a la admiración.
CHIVAS
El arduo trabajo y alto desempeño de los jugadores de futbol se premia con un alto salario. Pero algunos jugadores de Chivas no lo entienden y se la pasan realizando indisciplinas al interior de su equipo. Está comprobado el talento de los jugadores, pero de talento no se vive. Esas cualidades, combinado con alto rendimiento, nos daría cracks de clase mundial. ¿Hasta cuando el futbol mexicano se conformará con solo talento?