No es ninguna novedad el que la actividad política no tenga buena reputación en la mayor parte del mundo, desprestigio ganado a pulso históricamente. La simulación, el engaño, la mentira y las promesas de campaña incumplidas, han sido las prácticas de toda la vida. Sin embargo, el nuevo milenio dio inicio a un capítulo de crecimiento exponencial en la degradación del oficio político en nuestro país y en gran parte del continente, incluido el poderoso país del Norte.
El cinismo y el descaro extremos son el sello más característico de los populistas actuales a niveles que no era común presenciar durante el siglo pasado, lo que lleva a la pregunta de qué es lo que cambió y que motiva al gremio de los gobernantes populistas a llegar a estos extremos.
La principal razón, creo, es el surgimiento de las vías de comunicación digitales que, hasta ahora y con algunas excepciones como China, Cuba y otros, presentan pocos filtros para el libre flujo de ideas, datos, imágenes, opiniones e información de todo tipo, plataformas electrónicas que no son tan susceptibles de acallar como se hacía (se hace), con un medio formal de los de siempre.
En virtud de esto, TODO está o puede estar a la vista: crímenes, cochupos, conversaciones privadas, individuos recibiendo dinero ilegal, amoríos extramaritales con estrellas porno, pruebas documentales de propiedades lujosas y contratos turbios obtenidas de registros públicos, etc. Y ante la imposibilidad de negar la contundencia de las evidencias, los personajes en cuestión no pueden ni pierden el tiempo en negarlas. La respuesta es el cinismo.
Pero el cinismo en estos tiempos no es de ninguna manera improvisado, de ese que surge cuando se les cae en la maroma desprevenidos. Es un cinismo estudiado y decididamente retador, del que hace gala el pandillero que se sabe protegido porque opera en grupo, porque tiene capacidades sobresalientes de uso de la violencia y porque cuenta con la complicidad de otros de su especie, lo que le da la suficiencia para, en una de esas, soltar sin más: “yo estoy por encima de la ley”.
Y así el avance de la degradación en las formas de gobernar y el autoritarismo en el continente, avance que sólo las sociedades organizadas podrían frenar…si se decidieran.
Las Cinco Caritas
Ayer se celebró el Día del Niño, y como es costumbre, a todos nos dio por subir la foto más bonita de cuando solíamos ser unas ternuritas, sin malicia y risueños. Esta práctica “naive” de convivencia surgió en Facebook, la cual al día de hoy le llaman la red social de los viejitos.
Muchas fotos publicadas ayer definitivamente merecieron un like, porque la imagen seleccionada por el hoy venerable adulto, era meritoria de presumir como el niñ@ bonit@ que fue, aunque en la actualidad para muchos (me incluyo), sea el testimonio de lo que el viento se llevó.
En cambio otras (la minoría, hasta eso), -y disculpen mi ácida sinceridad-, fueron una especie de galería entre Botero y Garbage Pail Kids. Conforme me aparecían dichas fotos en el scroll, corrió por mis venas una especie de ansiedad. Llegué a dudar si sus papás en verdad los amaban, porque obvio, esas fotos no fueron selfies, no tenían filtros y las situaciones en las que fueron tomadas parecían una venganza anticipada por los desvelos y berrinches que los progenitores tuvieron que aguantarles a sus bendiciones.
He de confesar que la imagen que subí fue retocada exhaustivamente con Photoshop, y ni por equivocación me atrevo a mostrar la famosa y horrenda foto de las cinco caritas, que a las generaciónes X y Baby Boomers nos tomaron sin nuestro consentimiento, y que, para lograrla, fuimos sometidos a una serie de torturas auditivas y visuales, viendo a nuestros padres, junto con el fotógrafo, hacer “agugu tata” con caras extrañas, intentando sacarnos una sonrisa. No conforme con toda esa odisea, todavía se atrevían a colgar semejante retrato enmarcado en dorado, -al estilo Luis XV-, en la sala principal de la casa, convirtiéndolo en la parada oficial de las visitas para decir: ¡mira que chistosit@!, volteándote a ver enseguida para corroborar si seguías igual de “curiosito”.
A la fecha ningún psicólogo ha podido borrar semejante trauma de mi mente, pero lo que tampoco se han borrado son los hermosos recuerdos de aquella infancia llena de sueños y alegrías de los cuales hoy sigo disfrutando y luchando por ellos.
Le esperamos hoy miércoles a las 9:00 de la noche en la KJeta por el Canal 10 de RTQ en señal abierta y de cable, y por streaming en rtq.mx. También le recordamos que tenemos una cita la próxima semana aquí…para echarnos otro caldito.